La ética en el manejo de conflictos

Posted Febrero 15, 2008 by Vivien Mattei
Categories: Espiritismo

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 “Todos ellos (los espíritus) son creados sencillos e ignorantes,y se instruyen en las luchas y tribulaciones corporales.”[1] La vida es un conflicto.  Tratar de evadirlos es inútil.  Están ahí para aprender, para evolucionar.  Los problemas que enfrentamos tan a menudo en esta vida tienen el propósito de alertarnos sobre aquellos aspectos fundamentales de la existencia que aún no comprendemos.A veces estamos involucrados en relaciones conflictivas y no nos damos cuenta.  Para saber que hay un conflicto en gestación, debemos estar atentos a señales que pueden incluir los siguientes comportamientos: 1.        Actitud grosera o agresiva de la otra parte hacia nosotros o viceversa, sin aparente razón.2.        Enajenación o sumisión en uno de los participantes de la relación o el grupo.3.        Intransigencia en la mediación de puntos divergentes.4.        Incomodidad e intento de evitar al otro al participar de actividades con la persona en conflicto.5.        Prejuicio hacia las ideas o actitudes del otro, que interfieran la comunicación efectiva.6.        Tranque es los esfuerzos conjuntos lo que reduce la productividad del trabajo en equipo.La propia naturaleza del ser humano, en este nivel evolutivo elemental, provoca continuamente los conflictos.  Somos seres egoístas y como tal, se nos hace difícil ver el mundo a través de la conciencia ajena.  Tratar de presumir que podemos resolver todos los conflictos, puede crearnos la ilusión de que tenemos la verdad exclusivamente de nuestro lado.  Esto a su vez puede inducirnos a una conducta dogmática, donde queremos imponer nuestras ideas y opiniones a los demás.  También nos puede llevar a una actitud cómoda como el que dice “entrego todos mis problemas en las manos del Señor”, tratando de zafarse de su responsabilidad. Los conflictos son para resolverlos y solo los evitamos cuando, antes de que ocurran, identificamos su causa y aprendemos la lección.  Son el eslabón más sencillo de nuestra interacción social, necesaria para nuestro crecimiento.  Pero, ¿qué herramientas tenemos para tratar con ellos?  Las disciplinas de gerencia de recursos humanos y la psicología interpersonal nos han provisto variadas fórmulas que podemos adaptar.  El modelo más conocido presenta cinco estilos para su manejo que se desplazan entre las coordenadas de alta y baja cooperación y alta y baja actitud afirmativa o “asertividad”.  Estos modelos son:  ·         evasivo (avoiding) “lose-lose”·         acomodaticio (accommodating) “win-lose”·         forzado o competido (forcing) “win-lose”·         colaborativo (collaborating) “win- win”·         negociador (compromising) “lose-lose”  Pero el objetivo fundamental en la solución del conflicto debe ser que ambas partes puedan superar la incomodidad, aprendan las raíces de las diferencias, acepten la diversidad y esto les permita colaborar para beneficio mutuo.En el lugar de trabajo, esto es fundamental, sobre todo para el patrono cuyo fin es la productividad exitosa, la cual se puede ver limitada si en su equipo de trabajo hay personas necesarias que se cancelan a sí mismas por no lograr ponerse de acuerdo.  El lograr conciliar las diferencias conflictivas es un objetivo que, en el mundo de los negocios, es parte de nuestra naturaleza egoísta.  “Pónganse de acuerdo para que el negocio pueda ganar, y si éste gana, entonces ganamos todos.”  Ese “ganar todos” es como un producto secundario, un by product del proceso principal de producción.Los conflictos con nuestros relacionados más íntimos suelen ser una batalla de poder.  Con los hijos, con la pareja, con los padres, toda la vida tratamos de imponer lo que, muchas veces de forma honesta, consideramos que es la verdad.  Y llegamos a esa conclusión porque basamos nuestras opiniones y conductas en lo que hemos aprendido, lo que hemos experimentado.  Y ese marco de referencia es distinto para cada cual.  Si insistimos en nuestra verdad, descartamos la verdad de los demás y entonces somos injustos e ignorantes.Pero guiarnos por nuestra “verdad” es la brújula con que el ser humano navega en su evolución.  Para que esa guía funcione, tenemos que añadir a la lista de cualidades la tolerancia y la compasión.  Por lo tanto, la base para resolver y aprender de los conflictos necesariamente debe basarse en el respeto a la individualidad y la humildad necesaria para admitir que podemos aprender de los demás.Este juego es cada vez más difícil de aprender si vemos los modelos de socialización en nuestra cultura, los que cada día refuerzan la conducta competitiva y el valor de mandar, vencer, ganar, tener…  El padre impone sus ideas a los hijos, impone su religión y ésta a su vez dogmatiza el pensamiento desde temprana edad.  Decide la escuela de sus hijos y esta a su vez ofrece nuevos modelos de autoridad que tratan de imponer a cada niño, no solo un currículo aguado y uniforme, sino la interpretación del mismo a través del cristal de “la verdad” de cada maestro.Cuando ese niño crece y comparte con otros, de bagajes distintos, se encuentra con conflictos sobre su verdad, pero no tiene las herramientas para resolverlos de forma efectiva porque no puede entender la diversidad.  Solo hay una verdad para él.  Su forma de resolver conflictos lo aprendió en su casa, pero de fuentes más amplias a su entorno familiar.Desde hace apenas medio siglo, tenemos la más poderosa arma de socialización:  la televisión.  Sin desestimar el impacto de otros medios masivos como los impresos, la radio, el cine y más recientemente el Internet, podemos concluir que la accesibilidad y omnipresencia de la “caja mágica” desde la infancia resulta una avasalladora descarga de pensamientos, ritos, costumbres y conductas que forman gran parte de los modelos a seguir en esta encarnación.Y de ahí, más que de los libros de gerencia o auto-ayuda, hemos aprendido a resolver nuestros conflictos.  En los muñequitos, la telenovela, las noticias, los dramas y comedias y más recientemente en los populares reality shows.  Intrigas, engaños, violencia, egoísmo y falta de ética se glorifican constantemente otorgándole la televisión a los protagonistas sus 15 minutos de fama, como predecía Andy Warhol, lo que para muchos, es ganar.  ¡Y todavía nos preguntamos por qué nuestro mundo tiene tantos conflictos!La amplitud del alcance de medios como la televisión en nuestra cultura nos permite entender el impacto que esos modelos tienen en nuestra conducta al resolver conflictos.  Pero enajenarnos de la presencia mediática no es la solución.  Los medios masivos son parte de nuestra realidad y después de todo, es cada cual el que, usando nuestro divino recurso de libre albedrío, decide lo que ve y escucha.  Los medios pueden ser muy útiles si sabemos interpretar los conflictos de otros.  Pero para utilizarlos en nuestro aprendizaje, tenemos que tener una estructura ético-moral básica que nos permita evaluar de forma crítica cada situación presentada y sus posibles consecuencias.Podemos resolver nuestros conflictos y ayudar a los demás a utilizar estas guías si seguimos estos pasos sencillos: 1.        Sé consciente en todo momento de que eres un ser imperfecto, que evolucionas en la medida en que mejoras y amplías tu conocimiento, sensibilizas tus sentimientos y tomas decisiones libremente, afrontando responsablemente las consecuencias de éstas.  Igual que tú, lo somos todos y todos podemos tener razón o no en un momento dado.  Esto debe estimular en ti una actitud de humildad que te permita reconocer la necesidad constante de aprender. 2.        Ten presente que el objetivo no es ganar, sino buscar conciliatoriamente las alternativas que produzcan el mayor beneficio y mejores consecuencias para todos. 3.        Haz siempre el esfuerzo de entender las razones y el contexto en que la otra persona presenta las ideas y conducta conflictivas para ti.   Esto lo puedes lograr escuchando sus razones con tolerancia y respeto, haciendo las preguntas necesarias para conocer su trasfondo y comprenderlo mejor.  Así, no solo comprendes la situación teniendo más conocimiento, sino que le demuestras que te importa conocerlo y la buena voluntad de tu parte para entenderlo. 4.        Escucha los argumentos de forma crítica antes de reaccionar a su contenido, controlando tus impulsos para evitar una reacción emocional o personalista que implique prejuicios.  Evita interrumpir al otro mientras expone sus ideas.  Edúcalo para que te trate de igual manera. 5.        Usa estrategias éticas en tu proceso de persuadir a la otra parte de tus argumentos, respetando siempre la diversidad, y expresando compasión si la otra parte tiene deficiencias de conocimientos o sentimientos hacia la forma de manejar el conflicto.  Evita imponer tus ideas;  convéncelo con argumentos lógicos, razonables, verdaderos y honestos, preferiblemente verificables. 6.        Aprovecha cada instante del proceso de solucionar el conflicto para aprender y demostrar con tu conducta tu base ética. 7.        Está dispuesto a reconocer que puedes estar equivocado lo que debes aceptar sin resentimientos, sino agradecimiento por aprender algo nuevo. 8.        Reconoce que pueden haber puntos medios donde ambas partes pueden proponer y resolver.  Después de todo, el objetivo es que ambas partes tengan beneficio, sin perjudicar a los demás.   Resolver conflictos sólo para nuestro beneficio, aun cuando pueda resultar fácil, no es la forma apropiada.  El verdadero reto es poder anticipar las consecuencias de la solución para asegurarnos que ofrecerá la mejor oportunidad de crecimiento para todos los involucrados.  Esa es la única forma en que “todos ganamos”.     



[1] Allan Kardek, El Libro de los Espíritus, Libro Segundo, Capítulo II, Pregunta 133.

La Comunicación y el Espiritismo

Posted Febrero 15, 2008 by Vivien Mattei
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La Comunicación y el Espiritismo 

I.  Introducción:

             La Doctrina Espírita, iniciada por Allan Kardec (Hippolyte León Denizard Rivail- 1804-1869) con la publicación de El Libro de  los Espíritus en Francia en 1857, reconoce la importancia del proceso de la comunicación entre todos los seres del Universo como uno de los pilares de esta filosofía que explica la vida y el mundo espiritual.  Junto a la Inmortalidad, la Reencarnación y la Evolución, la Comunicación es base y vehículo para el plan de desarrollo del espíritu.  Las propias características de la esencia espiritual, sentimiento, conocimiento y libre albedrío, no serían posibles sin la comunicación entre los seres.            A través de las innumerables oportunidades de reencarnar que tiene el espíritu para adelantar su proceso evolutivo, utiliza la comunicación para relacionarse con el mundo material y los otros seres encarnados y desencarnados, para desarrollar sus sentimientos y aprender de la experiencias propias y los conocimientos ajenos.  Es esta base de conocimientos que obtiene a través de su comunicación la que le permitirá tener los recursos intelectuales necesarios para el ejercicio del libre albedrío.            Por lo tanto, la calidad de la comunicación que nosotros propiciemos será fundamento para nuestro pensamiento y a su vez para nuestro espíritu.  Si somos lo que pensamos y pensamos lo que sabemos, tenemos que preguntarnos qué criterios utilizamos para decidir a qué información nos exponemos.            En los pasados 150 años, la Humanidad ha experimentado el mayor avance tecnológico de toda su historia y sin duda, dicha tecnología ha facilitado la exposición de mensajes y el desarrollo de la comunicación masiva.  En la época de publicación de El Libro de los Espíritus el mayor medio de comunicación de información eran los libros y la prensa regionalista, fundamentalmente de opinión.  La Revista Espírita (1858-1869) publicada por Kardec en francés fue un ejemplo de dicho periodismo de opinión fundamental en la divulgación de la doctrina.  Pero la entonces artesanal tecnología de la comunicación y las limitaciones de transportación de los impresos, restringían la divulgación que apenas llegaba a un puñado de intelectuales, considerando que el público general era altamente analfabeta.  La impresión era más una necesidad de comunicación que un negocio, como lo es hoy en día, por lo que el interés de divulgación de ideas, y no el lucro personal o empresarial, era el eje de este proceso.            Pero ese mismo afán por divulgar las ideas era el principal riesgo, como se vio en la quema masiva de textos espiritistas propulsado en España por la Iglesia Católica Romana en 1861.  Pensemos que en aquella época inicial no había radio ni televisión.  El telégrafo apenas comenzaba y todavía estaba atado al cable transmisor de impulsos eléctricos.  Al no existir la comunicación inalámbrica, la información estaba atada al medio de transportación disponible de los textos e impresos, lo cual la hacía lenta y vulnerable.  Sin embargo, ese aspecto limitante de acceso a la información permitía que cada individuo pudiera ir asimilando la información de forma más profunda, conforme a su nivel evolutivo y capacidad de comprensión.              Hoy en día, lo que vemos como un avance en cuanto a la cantidad, diversidad y facilidad de acceso de la información a nivel global, resulta por otra parte un riesgo de que todos estén más enterados a la vez de muchas cosas que no tienen la capacidad de comprender.  Pero también nos ofrece a los espiritistas nuevas oportunidades de divulgar la doctrina y mayor responsabilidad de evaluar y consolar a un mundo sumido en un mar de mensajes inconsecuentes.              Concientes de la importancia de la comunicación en el espíritu, debemos entonces estudiar el proceso y sus consecuencias. 

II.  El proceso de la comunicación:

             Cuando hablamos de comunicación, nos referimos a un intercambio de información comprensible para los sujetos involucrados en dicho proceso.  El solo expresarse no implica comunicación;  para que ésta ocurra debe haber la intención de que otro conozca lo que expresamos y que éste a su vez tenga la capacidad de comprenderlo y no los deje saber.  Esto es en síntesis el proceso el cual incluye al emisor, al receptor, el mensaje, el medio y la retroalimentación (feedback) en su forma más simple.              La comunicación siempre tiene un objetivo o una intención.  Debe haber un mensaje codificado en un lenguaje que pueda ser comprendido por ambas partes.  El lenguaje no es solo el idioma, pues pueden ser elementos no verbales como gestos, sonidos y símbolos.  Pero aún en la comunicación verbal en un mismo idioma, puede haber gran variedad de estilos y modismo que interfieran con la compresión efectiva del mensaje que se intenta exponer.  Aspectos culturales, estereotipos y prejuicios, ignorancia o simplemente diferencias generacionales pueden convertir una simple comunicación entre dos personas en un gran reto.            El mensaje es lo que queremos decir y el mismo se expone a través de un medio, el cual puede ser tan sencillo como el aire en el cual se difunden las ondas sonoras de la voz en una conversación interpersonal o tan complejo como una transmisión de televisión digital vía satélite.  Lo importante es que el receptor al que intentamos comunicar, tenga accesible el medio que hemos escogido para nuestro mensaje.            Lo que llamamos retroalimentación o “feedback” es lo que nos confirmará si el mensaje fue recibido de forma correcta.  En la comunicación interpersonal puede ser una respuesta o un gesto afirmativo;  en la comunicación por medios masivos usualmente es la acción que el público determinado toma en relación al mensaje emitido, como comprar un artículo que se ha anunciado.  Muchas veces expresamos nuestra ideas o sentimientos y no nos detenemos a ver la reacción de los demás, arriesgándonos a ser malinterpretados.  Si cada vez que nos comunicamos fuéramos concientes de las consecuencias de dicha comunicación, actuaríamos con mayor responsabilidad hacia los demás, algo fundamental en nuestro desarrollo espiritual.            Hay otros elementos que afectan la comunicación.  El contexto en que se comunica un mensaje puede afectar significativamente la efectividad del mismo.  El contexto podemos describirlo en distintos niveles, por ejemplo:·         Contexto físico, la forma en que nos afecta el ambiente, clima y otras características del lugar donde se realiza la comunicación.·        Contexto histórico, la forma en que afecta la comunicación la experiencia previa de conocimiento que tienen entre sí los interlocutores.·         Contexto emocional o psicológico, el estado anímico en que se encuentran los participantes en la comunicación.·         Contexto social, o las circunstancias sociales que arropan la comunicación en el momento.            Otro elemento que puede representar interferencia en la comunicación humana es lo que llamamos ruidos, los cuales pueden ser literalmente ruidos ambientales o externos, y los llamados ruidos internos que constituyen los pensamientos divergentes y falta de conocimientos o atención que afectan nuestra captación del mensaje.  Usualmente nos comunicamos sin ser concientes de la forma en que estos elementos nos están afectando y si acaso, le prestamos más importancia a nuestras necesidades que a las de la persona a la que tratamos de comunicar.            Para nosotros, los humanos encarnados, la mayoría de la comunicación la recibimos a través de la percepción de estímulos físicos y químicos que captan los principales cinco sentidos fisiológicos de nuestro cuerpo.  O sea, cuando miramos algo, lo primero que ocurre es que ondas de energía de luz reflejadas por un objeto, estimulan la retina del ojo y este órgano sensible emite impulsos electromagnéticos a través del sistema nervioso, los cuales son recibidos en el celebro.  Lo mismo pasa con las ondas de sonido a través del oído, o los compuestos químicos que pasan a través de nuestra nariz o boca y son interpretados como impulsos de olor o sabor.  Igualmente con el tacto, la presión física que un objeto ejerce sobre nuestra piel es convertida en impulsos nerviosos que el cerebro magistralmente localiza y reacciona estimulando nerviosamente al sistema músculo-esqueletal.            Todo esto es un proceso totalmente electromecánico, que de hecho, ha sido repetido por los científicos utilizando máquinas que imitan la captación de estímulos ambientales por el cuerpo humano.  Científicos de la prestigiosa universidad estadounidense Massachussettes Institute of Technology (MIT), en su Laboratorio de Inteligencia Artificial, han creado a COG, un robot que ve, escucha, y reacciona cuando lo tocan, aunque aún no sabe oler o degustar.            Pero lo que COG todavía no puede hacer, además de oler o saborear, es interpretar ideas y crear ilusiones.  Y aquí es donde fallan los laboratorios que interpretan al ser humano solo como un cuerpo.  ¿Donde está el eslabón entre los estímulos físicos y químicos que el cuerpo percibe y las ideas e ilusiones que forma el individuo?  Los fisiólogos han tratado de identificar funciones igualmente físicas y químicas que ocurren en el sistema nervioso.  Los psiquiatras han tratado las desviaciones psicomotoras como patología médica.  Los psicólogos, en la disciplina que estudia la conducta humana y que todavía se identifica como ciencia social y no medica, han tratado de explicar el por qué actuamos de la forma en que lo hacemos, pero cada día son más las preguntas que las respuestas que proponen.            La clave de que tantas mentes privilegiadas fallaran en comprender esta maravillosa máquina humana es que no han encontrado a su piloto:  el espíritu.  El cuerpo procesa estímulos del medioambiente, pero es la mente, propiedad del espíritu, la cual piensa, se ilusiona, sueña, decide, actúa, siente, se emociona, cree, aprende… ¡evoluciona!    Ampliaremos sobre este aspecto más adelante cuando hablemos del espíritu desencarnado y el proceso de la comunicación mediumnímica.            Pero volvamos al proceso de comunicación. Los mensajes que recibimos están enmarcados en el proceso de percepción.  El cuerpo nos facilita captar estímulos del medioambiente que nuestra mente interpreta y reacciona a ellos.  Dicha reacción va a depender de la información previa que ya tenga almacenada en su mente.  Si usted entra a una tienda por departamentos y visita la sección de enseres domésticos, podrá distinguir fácilmente lo que son televisores, aún con la variedad de modelos, estilos y colores.  Elementos comunes de todos esos aparatos, como la pantalla, le permiten a usted clasificar dicha percepción a base de su conocimiento previo y no confundirlo con un radio o un horno.  Sin embargo, si un aborigen que nunca ha estado expuesto a dicha tecnología ve un solo televisor, tratará de clasificar dicha percepción a base de lo que sabe, probablemente atribuyéndole elementos fantásticos y míticos que asocia con lo que está experimentando.            En cada nueva encarnación, nuestro espíritu se enfrenta a un proceso de aprendizaje y socialización que comienza desde que nacemos y que está sujeto al ambiente en que nos desarrollamos.  Nuestro cuerpo nos facilitará movernos y captar información a través de los sentidos.  Experimentamos estímulos diversos a los cuales daremos significados según los asociamos con nuestras necesidades.  Muchos de esos significados se nos proveen por otros seres encarnados asociados a nuestro desarrollo como lo son nuestros padres y otras figuras de autoridad en nuestro ambiente.            Otros significados los atribuimos a base de nuestra experimentación, como cuando nos caemos o nos quemamos.  Nuestro cuerpo físico tiene también su programación genética que nos ayuda a sobrevivir.  Sensaciones de placer y dolor, reminicencias de anteriores niveles evolutivos, nos ayudan como guía de aquello que debemos evitar o aquello que debemos buscar.  Por ejemplo, la gran mayoría de las plantas venenosas son percibidas por el sentido del gusto como amargas, lo que nos lleva a evitarlas.  Por otro lado, el deleite del dulce le permite al cuerpo físico mantener niveles de glucosa satisfactorio para su metabolismo.  Estas reacciones no son necesariamente pensadas, sino instintivas, aunque veremos más tarde que las mismas pueden ser condicionadas o educadas con otros propósitos.            Además de nuestros instintos de buscar lo placentero y evitar lo doloroso en el plano físico, también aprendemos a reaccionar a estos estímulos en el plano emocional.  El placer y dolor emocional son dos características transitorias en el desarrollo del nivel evolutivo y más adelante veremos cómo el espíritu va modificando sus reacciones conforme va evolucionando.            El psicólogo Abraham Maslow (1908-1970) co-fundador de la psicología humanística, propuso una jerarquía de necesidades humanas que nos motiva a actuar, la cual hasta el día de hoy se usa de referencia para comprender la conducta humana.  Estas van desde la satisfacción de las necesidades fisiológicas que permiten la sobrevivencia  hasta la auto-realización y desarrollo espiritual. Estos elementos motivacionales, los cuales representan los niveles de evolución del ser humano, son la base de nuestros esquemas de valores y paradigmas.  A mayor evolución, mayor interés en los niveles más altos de la jerarquía.  O sea, nuestra motivación hacia satisfacer estas necesidades será el motor de nuestra conducta y por ende, de nuestro crecimiento, por lo que pondremos mayor atención a aquellos mensajes que nos comunican información que nos hace sentido para satisfacer esas necesidades.            El niño va aprendiendo uno o varios idiomas, lenguaje verbal y no verbal aceptado socialmente, formas de llenar sus necesidades, estrategias para independizarse cada vez más e información humanística y práctica para su convivencia en comunidad.   En todo este proceso es fundamental la comunicación.  Qué nos dicen, que decimos, que entendemos, que recordamos, todos son enigmas que nos mueven en el desarrollo evolutivo y que están sujetos a nuestra capacidad de comunicarnos de forma efectiva.  Mientras más sabemos, mejores decisiones podremos tomar, por lo que el ejercicio del libre albedrío como vehículo evolutivo estará ligado íntimamente a nuestra capacidad para comunicarnos efectivamente.           

II.  Tipos de Comunicación:

 

            Para fines de este trabajo, veremos de forma panorámica las diversas manifestaciones de comunicación  a las que está expuesto el ser humano en este planeta, dando mayor énfasis a aquellos aspectos que nos competen en el estudio del Espiritismo. A.  Intra-personal:            La comunicación intra-personal es la que tenemos con nosotros mismos.  Si bien explicamos que la comunicación es un proceso de intercambio de información entre un emisor y un receptor, esta primera modalidad de comunicación se podría apartar un poco de esta definición.    Todos hemos experimentado la sensación de estarnos hablando a nosotros mismos, ya sea a nivel mental, o verbal, como cuando hablamos en voz alta o nos dirigimos a nuestra imagen en un espejo o fotografía.            Este constituye un proceso psicológico de definición personal que nos permite desdoblar nuestra mente para, desde una perspectiva de mayor objetividad, reevaluar nuestros propios pensamientos.  El Libro de los Espíritus, en su comunicación final atribuida a San Agustín (919), habla de la importancia de conocernos a nosotros mismos, recomendando el auto-análisis e introspección diaria sobre nuestras acciones como un recurso fundamental para evaluar si estamos conduciéndonos en el camino acertado.  La comunicación intra-personal nos facilita el conocernos a nosotros mismos.            Incluimos este tipo de comunicación porque necesariamente debemos aprender a distinguir entre nuestra comunicación personal interna y lo que más adelante evaluaremos como comunicación mediúmnica. B. Interpersonal:            La comunicación interpersonal es la que tenemos con otra persona.  La misma puede ser a nivel presencial o mediante algún medio como lo es la correspondencia tradicional, la electrónica, o la telefonía.  Este tipo de comunicación es la base para nuestra relaciones personales.  La misma implica un reconocimiento de la existencia del otro ser con el que deseamos comunicarnos.              A través del proceso palingenésico tendremos la oportunidad de reencontrarnos con los mismos seres en distintas personalidades como encarnados y obviamente, en distintas circunstancias para aprender a relacionarnos y adquirir los conocimientos necesarios para entender y expresar sentimientos como el amor y la compasión, básicos en el proceso de crecimiento espiritual.  La forma en que nos comunicamos con los demás demuestra cuánto hemos aprendido como seres espirituales.  El respeto y consideración hacia el otro y la actitud de cada vez ser menos egoístas, se muestra en la forma en que nos comunicamos.  Es momento de hacer un auto-análisis tomando como barómetro nuestra forma de comunicarnos.            Otros elementos fundamentales en el crecimiento espiritual son el servicio y la educación, los cuales igualmente podremos lograr de forma eficiente a través de la comunicación efectiva hacia los demás.  La máxima del Maestro Jesús “haz a los otros como a tí mismo” debe ser el norte que utilicemos al comunicarnos en nuestras relaciones a todos los niveles, desde nuestra familia, en el trabajo, con el extraño en la calle o dando servicio a la Humanidad. C. Grupal:            Cuando la comunicación interpersonal se desarrolla dentro de un grupo de personas donde hay varios interactuando, tiene elementos distintos donde podrían prevalecer conductas conducentes a satisfacer necesidades de pertenencia y aceptación del individuo por parte del grupo.            Como espiritistas, nuestra participación en grupos debe ser ejemplar, pues es tal vez una de las mejores oportunidades de demostrar, con nuestra conducta y expresión, la ética espírita y el respeto hacia todos los seres por igual.  Distinto a los religiosos que interfieren en los grupos para adoctrinar e imponer sus ideas, el espiritista debe con su conducta estimular el interés de los demás por conocer la doctrina y demostrar su conocimiento sobre la naturaleza humana y espiritual.            La capacidad nuestra para comunicarnos en grupo de forma efectiva también se reflejará en el centro espiritista del cual formamos parte.  Expresiones egoístas, chismes, agresividad en el lenguaje o falta de seriedad y propiedad al expresarnos con el grupo, afectará el nivel del armonía y por consecuencia, la efectividad de los trabajos de educación y ayuda. D. Masiva:            La comunicación masiva es aquella en la cual se utiliza un medio para que un emisor pueda llevar el mismo mensaje a una multitud a la vez.  Como ya dijimos, los avances tecnológicos pueden ser un aliado de los espiritistas para la divulgación de la doctrina, pero igualmente son un reto, ya que nuestros mensajes competirán con un océano de mensajes que divierten el pensamiento y materializan la conducta.            Los encarnados en las actuales generaciones están expuestos a un bombardeo de información constante a través de los medios masivos como la radio, la televisión, el cine y la internet.  Todos esos medios responden a intereses económicos, por lo que el entusiasmo que el individuo tenga sobre la información que se divulga masivamente tendrá como consecuencia el beneficio material de aquellos que manejan dichas empresas.            También dijimos que toda comunicación tiene un objetivo o una intención.  Al exponernos a los medios masivos y hacer la selección de los programas, música o información que “consumiremos” de éstos, debemos responsablemente hacer el ejercicio de investigar la intención detrás del mensaje.              La propaganda, creada por los jerarcas de la Iglesia Católica siglos atrás y perfeccionada por los políticos y eventualmente por los publicistas en siglos recientes, solo funciona cuando el receptor o espectador acepta el mensaje sin pensar.  Y dejamos de pensar cuando sentimos placer o temor (una forma de dolor emocional), por eso muchos mensajes propagandísticos asustan a la audiencia para llevarlos a actuar sin pensar.  Evaluemos por un momento los mensajes religiosos sobre el infierno, o los políticos a favor de la guerra, o los publicitarios contra el envejecimiento o la falta de aceptación.  Todos pretenden persuadirnos a actuar a su conveniencia, estimulando nuestros más profundos temores;  temores que en gran medida están fundamentados en nuestra ignorancia.            El espiritista tiene la responsabilidad, tanto propia como hacia los demás, de ser crítico y selectivo sobre la comunicación a través de los medios masivos a la que se expone y debe comprender las consecuencias de ésta.  La labor educativa espírita en este siglo necesariamente tiene que contar con estos medios masivos para llegar a la Humanidad pero también debe aportar en la evaluación crítica de dichos mensajes. E. Extra-sensorial:            Si bien explicamos que, como seres encarnados, utilizamos los principales cinco sentidos fisiológicos como vehículo de percepción básica para nuestras comunicaciones, se ha comprobado que nuestra mente tiene la capacidad de percibir información sin necesidad de utilizar los tradicionales órganos sensoriales.  Durante el siglo XX,  se incorporó a los estudios de la conducta humana la parapsicología la cual ha llegado a ser reconocida por la comunidad científica por sus hallazgos sobre la capacidad del ser humano en comunicarse mediante percepción extra-sensorial. (ESP).             Esta percepción extra-sensorial resulta de un proceso anímico mediante el cual nuestra mente (espíritu) se desdobla y trasciende el cuerpo físico para comunicarse.  De esa manera puede atender y procesar información que no está disponible para ser captada por los órganos sensoriales físicos, ya sea por razón de la distancia, el tiempo o la naturaleza del fenómeno.            El psicólogo venezolano y estudioso del Espiritismo, Dr. Jon Aizpúrua, presenta en su libro Los fundamentos del Espiritismo (Ediciones CIMA, 2000) un trasfondo histórico del desarrollo del estudio de este tipo de comunicación y la parapsicología.  Clasifica además las distintas manifestaciones extra-sensoriales, de la cuales son ejemplo de comunicación la telepatía (comunicación entre dos mentes sin intervención de órganos sensoriales fisiológicos), la clarividencia (percibir información a distancia sin utilizar órganos sensoriales fisiológicos), la precognición (anticipar eventos futuros) y el desdoblamiento (proyección de la mente fuera del cuerpo físico).   F.  Mediúmnica:            La comunicación mediúmnica ha existido siempre, desde que se conoce la Humanidad, más no fue hasta las investigaciones de Allan Kardec para la publicación de El Libro de los Espíritus que se definió de forma metodológica y práctica.  La facultad de comunicarnos con el mundo espiritual es una natural de los seres encarnados, como se demuestra en los estudios antropológicos.  Sin embargo, dicha comunicación ha sido atribuida, a través de la historia, a seres iniciados con un “don” divino o a locos y desajustados mentales que terminan diagnosticados como esquizofrénicos por su conducta alucinatoria.            La médiumnidad también es un tipo de comunicación extra-sensorial, pero en este caso uno de los participantes en el proceso de comunicación es un ser desencarnado.   Esta forma de comunicarnos es semejante a la telepatía pues hay una conección extra-sensorial entre dos mentes, pero es un fenómeno distinto a la clarividencia o precognición donde la información se percibe directamente por la mente (fenómeno anímico) y no porque esté siendo informado por un ser desencarnado.            Si bien puede resultar complicada la comunicación de frente entre seres encarnados, podemos imaginar las dificultades que puede enfrentar la comunicación entre este plano y el mundo espiritual a través de la médiumnidad, como veremos más adelante. II.  La comunicación en el proceso mediúmnico: A.  Cómo se comunica un espíritu:            La capacidad de comunicación en el mundo espiritual va de la mano con el nivel de evolución y conocimiento de cada ser.  El acceso y capacidad de percepción varía con estos elementos que afectan el nivel vibracional de cada ser.  Por lo tanto, estar en el mundo espiritual no es como estar en medio de un estadio donde se acumulan todos los desencarnados por igual.  A mayor evolución, mayor capacidad para entablar comunicación a distintos niveles y mayor libertad de interacción con estos niveles y los mundos encarnados.            La mal llamada “muerte” o desencarnación no cambia automáticamente al ser que apenas se ha liberado de la materia temporal.  Por lo tanto, esos conocimientos, sentimientos, capacidades y actitudes permanecerán iguales al pasar al otro plano.  Si el recién desencarnado es conciente del proceso y lo acepta con entendimiento, le será más fácil su comunicación con los seres desencarnados que le auxiliarán.  Si somos concientes podemos comunicarnos porque reconocemos la situación y la interpretamos de forma apropiada, atribuyéndole el significado correcto que nos permite interaccionar de forma efectiva.            Por otra parte, los seres que desencarnan mediante procesos violentos, aferrados a pertenencias y placeres materiales, desconociendo la existencia del plano espiritual, frecuentemente tienen dificultad de adaptación y de comunicación con los seres asignados a su auxilio.  Si no son concientes del proceso, tampoco podrán comunicarse de forma eficiente porque para ellos, ese nuevo cambio de plano no es una realidad.            La percepción que tenemos de nuestra circunstancia es fundamental en la forma en que nos comunicamos, por lo que el proceso de desencarnación, que necesariamente implica una comunicación directa con los seres que “nos vienen a buscar”,  va a ser más o menos eficienrte dependiendo de nuestra actitud, o sea el contexto emocional.            El recién desencarnado ha vivido tantos años percibiendo a través de un cuerpo sensorial y de momento se encuentra sin ese cuerpo.  No tiene ojos, ni nariz, ni boca, orejas ni piel.  ¡No tiene nervios ni cerebro!  Pero él siente que los tiene y por tal razón puede identificar percepciones como si las estuviera captando corpóreamente.  De esto también nos habla El Libro de los Espíritus y Kadec cuando nos explica la función del periespíritu, que es una especie de intermediario fluídico entre el espíritu y la materia de nuestro cuerpo.  Es el periespíritu lo que se puede percibir a través del ejercicio de la facultad mediúmnica, pero por ser éste compuesto de fluidos no materiales, el mismo puede manifestarse y proyectarse conforme al pensamiento del ser, lo que puede resultar muy confuso en algunas comunicaciones.            El mundo espiritual es el mundo de las ideas y de la transparencia emocional.  La deshonestidad en la comunicación no es fácilmente escondida entre los espíritus.  El pensamiento es una realidad ideoplástica.  Una mente cerrada a esta realidad vivirá en turbación, tratando de aplicar las leyes físicas a un mundo extrafísico.  Lo que llamamos en la Tierra el contexto físico en la comunicación ya no lo es más, pues el solo pensamiento puede transmutar las imágenes.            El espíritu desencarnado comunica sus ideas y sentimientos a través de su pensamiento el cual se manifiesta en su proyección periespiritual, conforme a su nivel evolutivo y vibracional.  Para aquellos que todavía no comprenden su nueva experiencia como desencarnados, su periespíritu les proveerá guía en la turbación, permitiéndoles la impresión de todavía estar encarnados.  Esto tiene como riesgo el que dicho espíritu sostenga la ilusión de sus malestares físicos, como dolores, quemaduras y otras dolencias que le afectaron en su vida encarnada de recordación.            El espíritu también podrá percibir su medio ambiente, el cual variarán también según su nivel vibracional y evolutivo porque solo podrá percibir aquello que tiene la capacidad de reconocer.  ¿Se acuerda del ejemplo del aborigen que se enfrenta a su primer televisor?  El espíritu que no reconoce el mundo espiritual tendrá dificultad de adaptarse y por lo tanto su mente tratará de dar significado a su nueva experiencia a base de lo que conoce.                El espíritu podrá reconocer solo una mínúscula parte de su ambiente y ver su alrededor sumido en tinieblas, percibir el mundo material en el que vivía como si aún estuviera encarnado, o percibir las nuevas comunidades en las que habitará las cuales están formadas por fluidos que de forma ideoplástica proyectan estructuras semejantes a las que el desencarnado conoce de sus experiencias terrenales.  De ésto nos habla magistralmente el espíritu de André Luiz a través de sus múltiples publicaciones divulgadas mediúmnicamente a través del brasileño recientemente desencarnado Francisco Cándido Xavier.            Es necesario que los espiritistas que participen en los procesos de ayuda conozcan el nivel de percepción que tiene el espíritu que están ayudando de manera que la forma en que comuniquen su mensaje esté a su nivel de entendimiento. B.  El rol del médium en el proceso de la comunicación:            Decíamos en el proceso de la comunicación que uno de los elementos fundamentales, además del emisor, del receptor y del mensaje, lo es el medio.  ¡Éso es el médium, un medio de comunicación, como lo es un teléfono!  Es un vehículo por donde pasa un mensaje de un emisor a un receptor y vice versa.  No es correcto pensar que el espíritu desencarnado comunicante desplaza al espíritu del médium de su cuerpo para manejarlo a su antojo.  En la comunicación mediúmnica, el medio es parte del mensaje puesto que sus conocimientos, animosidad y capacidad de interpretar el mensaje del desencarnado pueden afectar la efectividad de la comunicación.            No entraremos aquí a detallar los diversos tipos de manifestación mediúmnica, para lo cual hay extensos tratados, siendo el más recomendable El Libro de los Médiums del propio Kardec.  Nos limitaremos a comentar los aspectos del proceso que debemos tomar en cuenta en la comunicación mediúmnica para que la misma resulta de forma efectiva, enfatizando en la comunicación en el proceso de ayuda o desobsesión.            Si aplicamos la fórmula básica, veremos que el emisor es el espíritu desencarnado, el receptor inicialmente puede ser el propio médium pero en la medida en que se adentra en el trance, pasa a serlo el “monitor” o esclarecedor, y el médium se convierte entonces en el medio para facilitar dicha comunicación.  El mensaje, al igual que en cualquier proceso de comunicación, tiene un objetivo y una intención, la cual los participantes del círculo donde se manifiesta, deben definir con fidelidad, evitando ser engañados, lo cual es relativamente fácil por la naturaleza sugestiva del proceso.            Dijimos que estar en el mundo espiritual no es como estar en medio de un estadio donde se acumulan todos los desencarnados por igual.  Por lo tanto, ser médium no es como mirar al mundo espiritual por el agujero de la verja del estadio donde todos indiscriminadamente se juntan.  Tampoco captará el médium la comunicación a través de su sistema sensorial corporal, aunque su sistema nervioso no estará ajeno al proceso.  Para que exista la conección tiene que haber sintonía, tal y como sintonizamos a la vez solo una, de miles de emisoras en nuestro receptor radial.            La sintonía que permitirá que funcione el medio (médium) en la comunicación está sujeta a varios factores que pueden incluir la necesidad de ayuda al desencarnado, la disponibilidad del médium, la afinidad, el ambiente, la intención, entre otras.  La comunicación se realizará si es conveniente, lo cual no decide el médium quien solo actuará como intermediario.  La conveniencia para las partes será determinada por los espíritus guías del centro y del necesitado.            Pero el rol del médium tampoco es tan pasivo.  El espíritu en comunicación utilizará el sistema nervioso del médium para proyectar su pensamiento, por lo que el médium podrán sentir la ilusión de que padece las mismas circunstancias del desencarnado.  La mente, que es la que está participando del proceso, activa las funciones cerebrales que permitirán traducir en comunicación verbal y corpórea el mensaje del espíritu para que pueda ser tratado y auxiliado.            El médium también juega un papel importante en el proceso de retroalimentación ya que, al escuchar las instrucciones del monitor, éste deberá facilitar el proceso con sus pensamientos, creando imágenes que apoyen el mensaje del monitor, de manera que puedan ser interpretadas de forma efectiva por el espíritu.            Por ejemplo, cuando un espíritu de un niño están en gran turbación, el monitor probablemente le hablará a éste como si en efecto hablara con un niño y tratará de “llevarlo” a un lugar donde un pequeño pueda sentirse confiado y seguro, como podría ser un parque de diversión.  En su trance, el médium pensará en imágenes relacionadas a estas instrucciones, las cuales facilitarán llevar al “niño” a un estado emocional, y por ende vibracional, que le facilite la sintonía con sectores del mundo espiritual que podrán auxiliarlo.            Este proceso de filtración de pensamientos lo aprende a hacer el médium en ambas direcciones, o sea, como facilitador del mensaje del esclarecedor y como interprete y codificador del pensamiento del desencarnado.  Este proceso es uno dificil, por lo que explicábamos que el mundo espiritual es ideoplástico y muchos mensajes se proyectan de forma simbólica y con intención de engaño o manipulación.              También el médium debe reconocer que sus estados anímicos y condición física puede afectar e interferir con la comunicación.  Por esta razón, la educación médiumnica no solo es técnica, sino ética e intelectual.            Aunque la mediumnidad es una facultad de todo ser humano encarnado, que será utilizada por cada cual según su capacidad y libre albedrío, en el caso del médium espírita está bien definido su uso, su objetivo y circunstancias.  El médium espírita ejercerá su servicio sin interés lucrativo, con el solo deseo de servir como su norte y participará solo de sesiones grupales en centros espíritas entrenados al servicio, con un alto sentido ético y moral.            Sin embargo, debemos reconocer y respetar la libertad de todo médium a expresar su capacidad como medio de comunicación con el mundo espiritual y, con gran compasión, humildad y tolerancia, educarles sobre su verdadera naturaleza y función, invitándolos a conocer la doctrina espírita. C.  El rol del “monitor” o esclarecedor en el proceso de comunicación:            En las sesiones mediúmnicas de ayuda y trabajos de desobsesión, la comunicación debe propiciarse en un círculo entrenado de espiritistas que puedan sacar el mayor beneficio para todos.  Debido a que los médiums pueden entrar en trance semi o inconsiente, siempre debe estar “monitoreado” o apoyado por una persona entrenada para hablar con el ser desencarnado en tratamiento.              El monitor, también llamado el esclarecedor por su función de ayudar a clarificar el pensamiento del desencarnado, no necesariamente tiene facultades mediúmnicas que le permiten “ver” u “oir” directamente al espíritu, pero con frecuencia desarrollan, a través de este trabajo, su sentido de intuición, el cual le facilita el proceso de orientación, considerando que siempre dicho trabajo es supervisado por seres de mayor elevación en el mundo espiritual.  En este caso, el monitor se convierte en el receptor del mensaje que expone el espíritu y emisor a su vez de la retroalimentación que permitirá la interacción para la ayuda. Debe buscar solo la información necesaria para lograr dicho objetivo.            La función principal del monitor es la de persuadir al espíritu a reconocer su nuevo estado y contactar a los seres del mundo espiritual que continuarán la labor de ayuda. Aristóteles decía que la persuasión debe estar basada en la credibilidad de la fuente (ethos), el interés emocional (pathos) y en la lógica (logos) o en una combinación de todas.  También creía que para ser más efectiva, la comunicación persuasiva debía expresarse en mensajes comunes entre emisor y receptor.            Como en cualquier otra comunicación, es necesario que se use un mismo lenguaje y el contexto en que se da el proceso debe ser afín entre ambos, emisor y receptor.  Por lo tanto, el monitor debe prestar atención a todas las señales que le permita el médium para conocer el estado anímico y contexto histórico y cognocitivo del desencarnado, de manera que pueda hablarle “en su propio idioma”.  Recuerde que la desencarnación no cambia a nadie, o sea, que tenemos que saber cómo piensa dicho espíritu y cuánto sabe de su actual naturaleza y cuáles son sus objetivos e intención al comunicarse para poderle hablar y que el mismo nos responda de forma afirmativa.            Hablar con el desencarnado a través del médium es como hablar con cualquier otra persona encarnada y el monitor debe mentalizar su contexto como si en efecto estuviera inmerso en el “mundo” que rodea al espíritu comunicante.  Debe considerar su estado anímico, su grado de turbación, su “edad”, su “género”,  y todo tipo de características que le facilite comprender el contexto de su comunicación.            Para lograr la persuasión, el monitor debe ofrecerle al espíritu información que le haga sentido y que éste, según sus conocimientos y sentimientos, pueda interpretar como que la misma llena una necesidad.  La alternativa de sentirse aliviado del dolor físico o emocional es probablemente uno de los mensajes más poderosos que el monitor puede utilizar como estrategia para captar la atención y convencer a un espíritu turbado de que debe reconocer su nuevo estado.              Por tal razón no puede existir un libreto semejante para cada intervención en los trabajos de desobsesión.  Aunque existe una estrategia o método general, la comunicación será particular a cada caso y circunstancias.  Toda esta comunicación debe realizarse en el más alto orden ético y de respeto, aunque se recomienda que la misma se realice en un estilo coloquial apropiado para el nivel cognocitivo y emocional del desencarnado.  III.  La comunicación en la formación moral y  la ética espírita:             Como hemos visto, la comunicación es una función del pensamiento humano fundamental en su desarrollo y evolución.  La misma nos permite educarnos, establecer relaciones, tomar decisiones y actuar con los demás.  Nos permite además accesar la información que necesitamos para nuestra convivencia y nos facilita interactuar con el plano espiritual.  Toda esta información es la que utilizará nuestro espíritu, en cada encarnación y en los episodios desencarnados, para ir definiendo su guía de comportamiento moral y ético.            El Libro de los Espíritus (629) define la ley moral como la regla para actuar correctamente y la capacidad para distinguir entre el bien y el mal, fundamentada en la ley de Dios.  Aunque a través de la historia de la Humanidad el mundo espiritual ha facilitado en este planeta la encarnación de seres de gran elevación que han propuesto guías morales de comportamiento, muchas de éstas, transformadas en estructuras religiosas, han sido deformadas.              La ignorancia y simpleza original de nuestro espíritu son paulatinamente superados con su capacidad de aprendizaje mediante experiencias, de encarnación en encarnación, las cuales nos permite llegar a propias conclusiones de lo que es apropiado o no.  Desatinos en nuestro comportamiento tienen consecuencias que nos permiten evaluar si actuamos correctamente.  La ley de causa y efecto es una de las principales “maestras” en nuesto aprendizaje de la ley moral.            Para cumplir con la responsabilidad que conlleva nuestra existencia, tenemos que entender la necesidad de educarnos en las disciplinas y doctrinas a tono con la Ley de Dios.  Esto implica conocernos a nosotros mismos, en nuestra naturaleza como espíritus encarnados, y reconocer las leyes universales que definen la igualdad, la inmortalidad, la justicia, y el amor.  Una vez comprendidas esta leyes universales, las cuales están contenidas en las sencillas y amorosas palabras del Maestro Jesús, debemos utilizar ese conocimiento como filtro para toda información adicional que recibamos y comuniquemos hacia los demás.            El incorporar en nuestras vidas la ética espírita, no solo como ejercicio intelectual, sino como guía de vida, nos facilitará ejercer la tolerancia y compasión hacia los demás, camino hacia el amor incondicional a todos los seres, objetivo principal de nuestra evolución.  Los Espíritus (894) identificaron como la mayor de las virtudes la desinteresada bondad.  Esa actitud hacia la vida deberá reflejarse en nuestra forma de comunicarnos, tanto en nuestro carácter personal como a través de los medios masivos.            De forma natural rechazaremos la agresividad, la intolerancia, la maledicencia;  evitaremos los prejuicios y odios;  respetaremos los derechos de todos por igual y haremos a los demás solo lo que estamos dispuestos a recibir en nosotros mismos.  Habremos construido una cultura de paz solo cuando tengamos paz en cada uno de nuestros espíritus y eso implica que sabemos como comunicarnos en paz.  IV.  La divulgación en Puerto Rico de la Doctrina Espírita en el Siglo XXI:             A siglo y medio de haberse divulgado masivamente la Doctrina Espírita, la Humanidad necesita más que nunca conocerla y comprenderla.  La influencia del Espiritismo ha sido variada en el mundo y su divulgación también ha estado sujeta a aspectos de relativismo cultural.             A. Trasfondo:            En Puerto Rico, el Espiritismo llegó relativamente rápido pero de forma limitada, a través de los intelectuales que estudiaban en Europa y a los escasos libros que se distribuyeron en aquella época plagada de analfabetismo.  La fuerte influencia del catolicismo español, convirtió a los centros espíritas prácticamente en sociedades secretas y clandestinas hasta inicios del siglo pasado.  Pero en su inicio no dejó de ser una doctrina elitista en cuanto a su estudio, por la razones que antes expresamos.              Sin embargo, un elemento social muy interesante ocurrió.  La influencia de las culturas africanas en la Isla, para entonces recién emancipadas de la esclavitud, y con raíces religiosas altamente mediúmnicas, comenzaron a observar que, lo que para ellos era normal, ahora era la moda entre las altas clases sociales.  El negro vio que el antes amo y ahora patrón, estudiaba fenómenos que habían sido siempre parte de su vida:  la comunicación con el mundo espiritual.  El nombre de espiritismo como sinónimo de hablar con los espíritus se popularizó entre las clases sociales menos privilegiadas y desvirtuó así la doctrina kardeciana, confundiéndola en un sincretismo afro-antillano de religiones médiumnicas.            Así, en el siglo XX, el Espiritismo en Puerto Rico, en términos populares, fue víctima del prejuicio social que identificaba la mediumnidad folklórica con el nombre acuñado por Kardec.  No obstante, un grupo de estudiosos fue creando círculos de estudio espiritista en toda la Isla y, silenciosamente ofreciendo ayuda desinteresada que caló profundo en nuestra comunidades.  Aún aquellos que temía la estigmatización de ser considerados ignorantes o anti-científicos, discretamente acudían a los centros y leían los textos espíritas, que fueron pasando de generación en generación.              El espiritismo kardeciano parece haber tenido mayor influencia en Puerto Rico que el espiritualismo norteamericano nacido antes, a raíz del incidente en casa de las hermanas Fox ocurrido en 1848.  Esto puede ser probablemente por razón de la relación política de la Isla con España para esa época y porque la influencia norteamericana, a partir del 1898, vino acompañada de un dogmático movimiento protestante, el cual demonizaba cualquier referencia al espiritualismo.            El Movimiento Espírita en Puerto Rico logró agrupar miles de estudiosos en cientos de centros a mediados del pasado siglo, más por razones que no vienen al caso, dicho movimiento se fue fragmentando.  Las frecuentes publicaciones sobre temas espíritas de principios de siglo, desaparecieron del panorama de la comunicación pública.            En la década de los sesenta, el renacer del interés en los temas del espíritu surgió con una joven generación que reaccionaba con amor al mensaje belicista de los gobiernos.  Ante el clamor de una “Nueva Era” o la “Era de Acuario”, comenzó a popularizarse nuevamente el estudio de la parasicología, se reactivó el interés en las religiones orientales y la reencarnación (con gran influencia del grupo de rock británico The Beatles y su visita a la India) y se inició un fuerte movimiento de comercialización, mayormente en los Estados Unidos, de todo lo que implicara crecimiento espiritual.            Mientras en Puerto Rico también estos movimientos sociales se fortalecían con el apoyo de los medios de comunicación masivos, el  movimiento espiritista estaba fragmentado, reducido y envejecido.  Su mensaje no apelaba a esa juventud y sus publicaciones y otros medios de divulgación no eran simpáticos a una generación cada vez más acostumbrada a la ligereza, superficialidad y facilidad de acceso de los medios de comunicación masiva (radio, televisión, cine y eventualmente Internet).            Pocos centros en la Isla desarrollaron métodos de enseñanza del espiritismo apropiados para niños y jóvenes.  Mientras la abrumadora influencia de los medios, combinada con los cambios socio-económicos que fragmentaron la unidad familiar, hirieron de muerte la ya debilitada tradición espírita en la Isla.            Sin embargo, la sed de conocimiento y el interés por los temas que ya había propuesto el Espiritismo siglo y medio atrás, estaban más vigentes que nunca.  La demanda por dichos temas provocó un creciente mercado de libros, seminarios, viajes, revistas y otros medios masivos que ahora ponían al alcance de cualquiera, todo tipo de explicación sobre la naturaleza humana y el mundo espiritual.  Y se cuajó la moda del espíritu, pero como era una ola comercial, el espiritismo kardeciano, tan celoso de su moral y ética, se quedó de forma marginal.            En los 80 y 90, además de la popularización de los sitios en Internet sobre estos temas, llegaron a la Isla cientos de títulos de libros llamados de “autoayuda” con infinidad de fórmulas para el desarrollo espiritual.  Ante el hambre de una ciudadanía ansiosa por comprender su naturaleza y ante la falta de una divulgación efectiva, eficiente y sistematizada de la doctrina espiritista, autores no espíritas llenaron las listas de “best seller”, confundiendo aún más.              Ahora tenemos desde la moda vampirésca de los “góticos” hasta los médicos haciendo regresiones hipnóticas a otras vidas para curar a sus pacientes.  Y no olvidemos la efímera fiebre de los “ángeles” de hace unos años, la cual justificó la entrada de los católicos a la búsqueda y comunicación con el mundo espiritual.            Paralelo a éste movimiento esotérico, las iglesias protestantes se aprovecharon de la búsqueda espiritual del puertorriqueño y  también se fragmentaron, pero para crecer en cientos de células por cada comunidad boricua y se fortalecieron económicamente amparadas en la ley fiscal y el diezmo del Antiguo Testamento.  Los católicos por su parte, también se fragmentaron con seguidores fanáticos de la Virgen y carismáticos, ambos grupos basados en manifestaciones mediumicas.            El siglo XXI encontró al Espiritismo en Puerto Rico todavía estigmatizado y ridiculizado en la mayoría de los medios masivos locales, con sus escasas publicaciones localizados en estantes de “ocultismo” en muy pocas librerías comerciales y los fragmentados centros espiritistas tratando de sobrevivir entre su compromiso y deseo de servir y la necesidades materiales y compromisos familiares de sus médiums.  Ante este panorama, ¿qué debemos hacer?                         B. Actualidad:            Los espiritistas en Puerto Rico no están agrupados en su totalidad.  Un puñado de centros distribuidos en la Isla han desarrollado cada cual la forma más apropiada a su comunidad inmediata para ofrecer sus servicios de educación y ayuda.  En tiempos recientes se han desarrollado actividades educativas masivas que han facilitado la integración de miembros de distintos centros, compartiendo con un mismo propósito.  Todavía no hay una integración ni uniformidad, pero tampoco está claro si eso es deseable.            Si bien es cierto que parece haber un incremento en personas cuyas facultades mediúmnicas están eclosionando, muchas de éstas no han estudiado espiritismo, no están entrenados para prestar ayuda y muchas veces los compromisos e intereses del centro confligen con una agitada vida familiar y profesional, limitando su disponibilidad.            Recientemente se ha visto una creciente integración a los centros tanto de jóvenes universitarios como de profesionales en campos diversos que han traído nuevas preocupaciones y enfoques.  Pero también muchos han comenzado a comparar el Espiritismo con las otras modalidades de estudios espirituales que se han popularizado a través de la literatura comercial.  La duda ha surgido sobre la vigencia de una doctrina publicada hace 150 años y su “actualización” ha sido propuesta por más de un centro local.            Los medios de divulgación están cada vez más comercializados pero la realidad es que la tecnología ha facilitado la divulgación de cualquier tema por lo que los espiritistas se enfrentan al reto de traducir la doctrina kardeciana a mensajes que puedan fluir de forma efectiva en los medios de comunicación, sin pretender competir de forma proselitista con iglesias y otras modalidades.          El uso de la prensa, la radio y televisión, documentales audiovisuales, conferencias ilustradas y sobre todo, el internet, parecen ser la línea a seguir en la divulgación de la doctrina.  Algunos de estas herramientas cuestan, por lo que debe evaluarse la base económica de las organizaciones espiritistas, sin apartarse de los conceptos básicos.            La llamada actualización del Espiritismo no es cambiar lo ya está expuesto, lo cual aún no ha sido refutado por la ciencia, sino exponerlo a través de las nuevas herramientas de comunicación masiva, explicando con base espírita los nuevos retos de la Humanidad.  Pero para lograr esto, tenemos que ir al principio y conocer el verdadero mensaje del espiritismo.             C. Proyección:            La comunicación en el desarrollo del Espiritismo en Puerto Rico tiene que ser efectiva en cuanto a divulgar la doctrina en términos que puedan hacerle sentido al ciudadano común y deben utilizarse medios que lleguen a todos, de forma sutil pero indiscriminada.  El espiritista debe dejar a un lado su timidez o temor a la estigmatización que el nombre espiritista todavía implica en Puerto Rico.  Tiene que aprender a reconocer públicamente que es espiritista y educar con tolerancia a cada cual que se le enfrente con ignorancia.             Tiene que actualizarse, no cambiando el contenido del mensaje sino el estilo.  No es cambiar la doctrina sino actualizar los medios de divulgarla para hacerlos más accesibles y justos.  Es identificar las necesidades de nuestra sociedad y exponer de forma clara la explicación y el consuelo que le ofrece el Espiritismo.  También hay que actualizar los medios de comunicación interna  en el centro espiritista para estimular la integración de sus miembros y colaboradores.            Existen muchas actividades de divulgación de bajo costo que pueden desarrollarse en los centros para lograr estos propósitos.  Muchas de ellas incorporan la tecnología de la computadora y pueden ser asignadas a los jóvenes del centro lo cual sería una extraordinaria oportunidad de atraerlos, estusiasmarlos y educarlos en la doctrina, a la vez que se les enseña la responsabilidad del servicio.  Algunas ideas que pueden desarrollarse o que ya están siendo realizadas por algunos centros en la Isla, son: ·         La creación de opúsculos fáciles de leer con elementos básicos de la doctrina.  La tecnología digital nos permite la producción de impresos de gran calidad a costos bien razonables.·         La publicación de boletines o “newsletters” que mantengan informado a los miembros y compartan información de interés con la comunidad vecina.·         Mantener una página en Internet con enlaces a otros centros y sitios de divulgación espírita con foros de opinión y análisis y la digitalización de textos ·         Desarrollar un banco de correo electrónico para mantener al día la divulgación de información relacionada a la doctrina y faciliten la divulgación de análisis espíritas sobre asuntos del momento.·         Producción de programas radiales locales e identificar en el centro a recursos que pueda exponer de forma clara y precisa los elementos fundamentales de la doctrina en programas de entrevistas y análisis.·         Colaborar con artículos de análisis crítico de asuntos de actualidad desde la perspectiva espírita, enviándolos a los periódicos regionales y estatales.·         Participar en foros públicos, radiales, de televisión o periódicos con explicaciones con base en la doctrina sobre temas de actualidad.·         Producción de audiovisuales educativos sobre el espiritismo y métodos de ayuda.  Estos pueden producirse con tecnología digital accesible y económica en el mismo centro.·         Desarrollar foros de discusión de asuntos de actualidad vistos a la luz del espiritismo, que sean abiertos y gratuitos a toda la comunidad.·         Ofrecer charlas en universidades, escuelas y otras organizaciones de la comunidad, bien documentadas, amenas y enfocadas a asuntos de actualidad con base en el análisis espírita. V.  Conclusión:             La Doctrina Espírita no ha sido refutada por la ciencia sino confirmada.  Trató temas que hoy en día tienen más vigencia que nunca.  No ha habido una sola de las respuestas en El Libro de los Espíritus que se haya evidenciado su falsedad.  No hay que actualizar lo que está más vigente que nunca.            En la era de la comunicación, es responsabilidad de todo espírita compartir el regalo más importante que el mundo espiritual nos ha dado a la Humanidad en los últimos dos milenios.  Hoy en día tenemos los medios más eficaces a nuestro alcance para divulgar dicha doctrina a todos por igual.  Pero para realizar dicha labor tenemos que regresar al principio:  conocer El Libro de los Espíritus.            Las respuestas a cientos de preguntas que todavía nos hacemos, están allí.  Las soluciones a los principales problemas de la Humanidad están allí.  Las responsabilidades que tenemos como seres espirituales también están allí.  No hay excusa para no conocerlas y mucho menos para, de forma egoísta, hacerlas exclusivas de minúsculos centros de estudio.            Hay que gritar al mundo, con alegría, que somos espíritus comprometidos con el bienestar de todos y del planeta.  Hay que expresar con orgullo benévolo que conocemos y compartimos la doctrina espiritista.  Hay que trabajar con ahínco y desinterés para lograr que el mundo deje a un lado las divagaciones comerciales sobre la verdad espiritual y gratuitamente encuentre en Kardec a su mayor consolador.    Vivien E. Mattei Colónvmattei@ponce.inter.eduPonce, Puerto Ricofebrero 2003

Los Medios: ¿espacios para convivir o agredir?

Posted Febrero 15, 2008 by Vivien Mattei
Categories: medios masivos en Puerto Rico

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El tema que nos provoca esta noche está basado en una pregunta que no está completa.  Los medios:  ¿espacios para convivir o espacios para agredir?  Debo añadirle:  ¿Lo son?  ¿Lo deben ser?  Si son afirmativas las respuestas, entonces, ¿por qué?  Me propongo  responder a estas preguntas desde mi perspectiva personal, no sin antes definir el significado que utilizaré para las palabras medios, convivir y agredir.            Convivir supone una interacción social de interdependencia en un escenario compartido.  Hoy la tecnología nos permite derribar fronteras geográficas al delimitar ese escenario de convivencia.  Más son los propios participantes, los que física o virtualmente definen los márgenes de esa interacción.            Agredir implica un estado mental que lleva a una conducta que puede provocar daño.  El resultado de dicho comportamiento puede ser con intención o por omisión.  La acción de agredir es una manifestación de comunicación, que puede incluir elementos verbales y no verbales.  Por lo tanto, en la agresión podemos encontrar los elementos básicos de la comunicación humana:  emisor, receptor, mensaje, canal, ruido, contexto y la a-veces-olvidada retroalimentación o feedback.            Medios es tal vez la palabra que nos convoca.  Hablar de los medios como un todo, uniforme y homogéneo, sería tan incorrecto como hablar del público en términos de “masas”.   Prefiero opinar en esta ocasión particularmente sobre los medios masivos electrónicos que transmiten en Puerto Rico.  Pero aún así sería injusto referirme de manera uniforme, por ejemplo a “la radio” en un país donde hay licenciadas sobre 120 frecuencias de transmisión, con extensa variedad de estilos de programación.  Así que trataré de responder las preguntas sobre la convivencia y la agresión enfocándome en las emisoras de radio de mayor audiencia y en algunas transmisiones de televisión, igualmente preferidas por la audiencia según los instrumentos de medición usados en la Isla.            También debo diferenciar entre medios y prensa, entre dueños, productores, programadores y periodistas.  Estas palabras a veces se intercambian en el furor del debate público produciendo igualmente afirmaciones injustas.  Los medios en Puerto Rico, son empresas, mayormente comerciales.  Negocios que al igual que otros en un sistema capitalista, tienen como objetivo ganar beneficios para sus dueños.  Esta meta les es tan importante como las otras reconocidas funciones sociales de informar, educar y entretener.  Para lograr estas tres últimas, tienen que operar, y ellos añadirían, que de forma lucrativa.            El producto de esta empresa no es necesariamente su contenido, sino la audiencia que ese contenido atrae.  Es ese público cautivado el que será “vendido” al publicista,  principal fuente de ingresos, a veces, sin importarle al  anunciante el contenido de lo que esa audiencia ve o escucha.  Por lo tanto, en un país con tanta competencia por la atención de la gente, los medios buscan ser atractivos y pertinentes para la mayor cantidad de personas dentro de un perfil socioeconómico que les permita alcanzar sus objetivos fiscales.            El medio, como empresa, o sea, sus ejecutivos, determinan el tipo de contenido y estilo, cual anzuelo para pescar audiencia.  Pero no a cualquiera, sino aquella audiencia que estratégicamente han definido como la que mejor se puede vender.  Son estos los que definen, en última instancia, la línea editorial, el personal de noticias, los talentos, los temas, en fin, la agenda de su empresa.  Pocas veces estos ejecutivos salen a la luz pública.  Los que vemos y escuchamos son los que ellos han escogido para ponerle cara a su medio.  Y con más o menos autonomía según el medio, vemos como los protagonistas de nuestra realidad mediática son los locutores, los reporteros, los analistas, las celebridades, los chismosos y desde hace algunas décadas, el público que llama para opinar.              Las emisoras de radio en Puerto Rico que mayor audiencia pescan se pueden dividir en dos grupos principales, según su estilo de programación.  De una parte están las FM’s caracterizadas por programación de entretenimiento musical salpicada por comentarios y entrevistas de corte farandulero más o menos vulgar, a cargo de celebridades o pícaros locutores.  Cumplen con informar de manera superficial, vana, tonta, pero evidentemente entretenida para un importante segmento de nuestra población, mayormente joven.            De otra parte tenemos las AM’s, “lidereadas” por las cadenas llamadas noticiosas, repletas de analistas, comentaristas de noticias, locutores de titulares, reporteros de calle y periodistas de cabina.  La audiencia de este grupo es mayor en edad.  En ambos grupos se insertan llamadas o correos electrónicos con la opinión de un minúsculo sector de su audiencia.  En ambos casos se puede acceder a la programación también a través del Internet.            Este es el escenario de convivencia que provee la industria radial en la Isla a la mayoría de su audiencia.  Sin ánimo de simplificar la ecuación, debo suponer que si la mayoría escucha estos estilos y contenido, es porque llena sus intereses, necesidades y expectativas.  A menos que usted sea investigador de los medios o masoquista, no puedo explicar el por qué se sometería como audiencia a un medio que no le gusta, habiendo tantas otras alternativas.            Por su parte la televisión, no tiene menos competencia, ante la variedad que ofrecen los sistemas de cable y satélite.  Pero el panorama es más complicado en el aspecto gerencial.  Las principales emisoras responden a corporaciones extranjeras donde las preferencias del mercado boricua no siempre coinciden con las estrategias de programación para abaratar costos, distribuyendo contenido por todo el conglomerado de afiliadas en los Estados Unidos.  Es muy costoso responder a los intereses particulares de la audiencia local, por lo que se programa con elementos homogéneos para públicos de habla hispana mucho más amplios.  Aquí los estudios de medición de audiencia demuestran que a la mayoría de nosotros, eso nos gusta.            Los espacios locales de convivencia que estas cadenas proveen se limitan a los noticiarios, algunos programas de entrevistas y comentarios, concursos y transmisiones especiales.   Aún la llamada emisora del pueblo, TuTV, alimenta sus ondas con programación enlatada, por razones evidentemente económicas.            El “David” de este escenario es TeleOro, el cual no puedo dejar de mencionar.  Siendo una emisora proselitista a favor de la fe católica, manejada por sacerdotes, con pasillos llenos de figuras que nos recuerdan los conventos y parroquias, y un presupuesto ridículamente pobre, se ha aventurado a proponer programación de convivencia, que sin estar ajena a elementos sutilmente agresivos, busca representar, hasta cierto límite ideológico, la diversidad de nuestra cultura.             ¿Proveen estos medios un espacio de convivencia?  Sí.  ¿Es ese espacio apropiado para que el puertorriqueño vea reflejada su idiosincrasia, donde pueda manifestar sus preocupaciones, donde pueda obtener información útil para tomar libremente sus decisiones personales y colectivas como pueblo?              No es fácil responder pues tendríamos que definir esa construcción que llamamos “interés público”.  Ni el mismo ex jefe de la agencia federal que controla estos medios electrónicos en la Isla, y que obliga a trasmitir en el interés público, lo pudo definir.  Los medios mayormente se enfocan en el gusto del mercado, no en el interés del público.   O sea, en lo que la audiencia que ellos buscan quiere y no lo que el ciudadano debe conocer o disfrutar para su bienestar.  Pero incluso, el tratar de definir en un pueblo lo que le conviene, es materia de debate.  ¿Quién decide lo que es bueno para mí o para mi comunidad?            Hagamos un corto ejercicio de introspección.  ¿Cuáles son sus espacios favoritos en la radio y televisión boricua?  ¿Por qué?  ¿Qué le dan?    ¿Cómo influyen en sus opiniones y comportamiento?  Consistentemente las encuestas, (y que quede claro que tengo reservas sobre este método de evaluación), identifican a los preferidos dentro de un mismo patrón de programas.            Gran parte de la información que incorporamos en el desarrollo de nuestros conocimientos y pensamientos la obtenemos de algún tipo de medio masivo.  Sabemos que éstos tienen una importante influencia en nuestro convivir como pueblo.  Pero, ¿acaso son omnipotentes, dejándonos a la merced de los gatekeepers que deciden estratégicamente sobre lo que debemos ver y oír?  Yo creo que no.              Los medios producen un contenido que creen que nos atrae, por que así hacen dinero.  Muchos programas educativos y edificantes sucumbieron por los ratings, ante nuestras decisiones como audiencia de verlos o no.  Por lo tanto, si son un espacio de convivencia, un escenario de intercambio social, no podemos verlos como meros dictadores del mensaje. Aunque el medio es parte del mensaje, como decía McLuhan,  no podemos como audiencia relegar nuestra responsabilidad y poder para provocar acciones que mejoren el contenido conforme a nuestras expectativas.            Los medios son una cancha privada, en la cual, nosotros la sociedad, para jugar, tenemos que llevar la bola y la raqueta o el bate.  En un lado de la cancha el liderato de la opinión pública, gobierno, instituciones, comercio, en el otro la audiencia.  Pero como en cualquier buen partido, cruzamos la cancha, cambiamos de lugar, según el rol social que juguemos.  Los líderes también son audiencia y nosotros, el pueblo, podemos asumir liderato en una democracia y reclamar espacio en los medios.            Los medios ganan si nosotros ganamos.  Ellos proveen el espacio, y nosotros definimos cómo queremos usarlo para nuestra convivencia.  Si no los usamos, no tienen razón de ser.  Son el canal del mensaje, un mensaje que definimos nosotros como sociedad, que varía de lugar en lugar, de contexto en contexto;  que definimos por consenso no por imposición.  Pero si no expresamos nuestra opinión y ejecutamos la acción, entonces estamos cediendo nuestro derecho de participación.            Si partimos de que los medios son y deben seguir siendo un espacio para el intercambio social de nuestras ideas y acciones, entonces la próxima pregunta sería si nuestra convivencia es agresiva.  ¿Reflejan los medios lo que es nuestra realidad o la dirigen?            Si estamos aquí, discutiendo si los medios son espacios para agredir, es porque en alguna medida tenemos esa impresión.  Algo en los medios nos sugiere que se está haciendo daño.  No voy a hablar de la programación de entretenimiento con elementos violentos que tanto se ha discutido e investigado.  Tampoco voy a entrar a discutir si la percepción del nivel de violencia en la sociedad está reflejada de forma correcta en los medios.  Ambos temas son muy importantes, pero no me compete en esta ocasión abordarlos.            Voy a comentar sobre lo que podemos identificar como agresividad en el contenido de los medios que he seleccionado.  Si partimos de que la agresividad es el estado mental que nos impulsa a hacer daño y que es una expresión genuina y, para algunos teóricos, natural del ser humano, debemos preguntar, ¿quienes son los emisores del mensaje agresivo en nuestros medios?  ¿Quiénes son sus víctimas?            Para complicar un poco más el asunto, debemos preguntar si es el mensaje agresivo, como expresión, uno que merece protección como derecho constitucional.  ¿Es justificable o necesaria la expresión agresiva de una sociedad en un contexto particular?  ¿Da la expresión agresiva el tono contundente para reclamar justicia?            Si buscamos los detonantes sociales del comportamiento agresivo, vemos que se destaca la desigualdad, la injusticia, la frustración, la percepción de estar en riesgo o amenazado, el deseo de prevalecer sobre otros y la competencia.  Si vemos el estilo de convivencia que se refleja en los medios que hemos mencionado, diríamos que los puertorriqueños tenemos suficientes agravantes para explicar nuestras expresiones de agresividad.              ¿Alguno de ustedes siente frustración por la situación política y económica del país?  ¿Ha sido o cree que puede ser víctima del crimen?  ¿Ha sufrido discrimen?  ¿Cree que los que piensan distinto a usted sobre política o religión están mal?  ¿Es apasionado en la competencia deportiva o política?  ¿Quiere ser rico, famoso y poderoso?  Si respondo a base de lo que escucho y veo en medios locales, diría que la respuesta es “Sí” en todos los casos.  Si añado la falta de conocimiento y destrezas para manejar conflicto, la respuesta es la agresividad.            Muchos de los programas de las emisoras que mencioné tienen un contenido agresivo en su mensaje, tanto verbal como no verbal.  El marcaje en el lenguaje, el tono y volumen, la forma de designar a las personas, incluyendo los estereotipos, pueden ser expresiones agresivas.  Los escuchamos en la radio de voz del locutor de un vacilón mañanero que se burla del hombre cuya mujer le es infiel, del locutor de titulares que llama padrote a quien por convicción tiene un estilo de vida no tradicional, del periodista que acosa cual presa al político de turno, del comentarista deportivo que arremete contra el equipo perdedor que frustró sus expectativas, del analista que dogmáticamente acusa, del oyente que llama para insultar al otro, del predicador que nos amenaza tenazmente con que nos quemaremos todos en el infierno si se casan los gays.  Y los escuchamos… y nos divertimos!            Muchas de las voces de la radio y programas similares en la televisión, nos sirven de catarsis para nuestras frustraciones.  Si Rubén Sánchez maltrata al político, ¡qué bueno!, se lo merece y como yo no le puedo caer encima, pues que se sufra la entrevista.  Me gozo la humillación, el desquite, lo que yo quisiera hacerle y no puedo.  Si La Comay lo cogió fuera de base, ¡pues que se fastidié!, para qué no se cuidó e hizo las cosas bien.              Es irónico, pero en esa expresión agresiva hay cierto valor ético de que paguen con humillación los que hacen las cosas mal.   Son la hoguera o cadalso virtual de nuestro tiempo.  Son castigos sociales adaptados a la tecnología mediática.            Y entonces, ¿quien es el que está mal?  ¿El mensaje o el mensajero?  ¿El medio o el emisor?  O a caso todos los receptores que disfrutamos de esa catarsis.  O nadie está mal y es solo nuestra naturaleza humana reaccionar agresivamente cuando nos vemos amenazados… y vivimos en amenaza constante.            “Un cocotazo a tiempo lo endereza”, decían nuestros viejos.  La agresividad es socialmente aceptable en algunos contextos.  No es acaso ese mismo método el que aplicamos a diario para enderezar al político o al adversario.  Ser agresivo contra el tirano, contra el infiel, contra el opresor, contra el invasor… ¿es justificable?  ¿Quiénes son los buenos y quienes los malos?  ¿Quiénes merecen el castigo?  ¿Son los medios los que le identifican o solo son vehículo para informarlo?  Preferimos al político agresivo al que denominamos como “mongo”.   Convertimos la agresividad en un valor social positivo.            A veces el objeto contra el que proyectamos nuestra agresividad es simbólico.  La caseta de guardia en Vieques, destruida la noche del retiro de la Marina, los reclamos de que destruyan Paseo Caribe, el derrumbe de la estatua de un dictador, el vandalismo en un salón de clases, la eliminación del mural de Coquito o el de Mayagüez contra el abuso policiaco, o el ataque a las Torres Gemelas.  Todas son imágenes que hemos visto en los noticiarios.  Agresión contra lo que está mal, según el punto de referencia, del cristal con que se mire.  Terrorismo, vandalismo, liberación, castigo, libre expresión.  ¿Es justo?  Depende de las consecuencias.  ¿Para quién?  Construimos y repetimos eufemismos para justificar la agresión.            Este discurso agresivo no se limita al componente informativo ni al de entretenimiento de los medios.  El discurso comercial con el que nos bombardea la publicidad también refleja la agresividad en nuestro estilo de vida.   Los anuncios donde se resuelve la competencia aniquilando al otro o donde se diluye el mensaje sobre las cualidades del producto estimulando un consumismo apasionado, lejos del pensamiento crítico, son los más efectivos.   La industria publicitaria, esa misma que sostiene a los medios gracias al patrocinio a sus productos, es una de las que más invierte en investigación sobre el comportamiento del consumidor.  O sea, esos anuncios funcionan porque han probado que nosotros respondemos a ellos.  ¡Y ni hablar de la agresividad que constituye nuestro comportamiento consumista como depredador de los recursos del planeta!  Me resisto a pensar que la publicidad en medios es la única responsable de esto.  La compra la hace usted y la Teoría de la Aguja Hipodérmica, de que los medios influían sin nosotros darnos cuenta ya hace rato se derrotó.            No somos una cultura de paz.  No somos siquiera una cultura que respeta la justicia.  Una cosa es lo que somos y otra lo que imaginamos ser.  Para llegar a eso, hay que actuar.  Como pueblo, tenemos que buscar un consenso donde el beneficio de uno no implique perjudicar a otro.   Estamos lejos de tener mecanismos eficientes y efectivos para dirimir nuestros conflictos, personales y colectivos.              Los medios reflejan eso.  Pero también tienen la opción de reflejar soluciones.  Algunos lo hacen. ¿Son esos medios los que patrocinamos y convertimos en nuestra fuente primaria de información?  O, ¿preferimos la catarsis sin acción social?  ¿Preferimos que el analista impetuoso, agresivo y altisonante nos grite que somos unos