El Blog de Vivien Mattei

Un espacio para compartir

Empujando el carro cuesta arriba — noviembre 15, 2017

Empujando el carro cuesta arriba

Por cada persona irresponsable, los demás deben asumir la carga. Esa carga tan pesada que muchos sentimos cada día, que nos agobia, que nos atrasa, es una carga que bien distribuida resultaría llevadera.

Por cada persona enferma a consecuencia de no ser cuidadosa con su alimentación o estilos de vida.

Por cada persona que, teniendo la oportunidad, prefiere ser ignorante.

Por cada uno de los que se acomodan con el opresor o fanáticamente cree sin cuestionar.

Por aquellos que manipulan las circunstancias para su propio beneficio.

Por cada persona que desperdicia sus recursos en vez de compartirlos.

Por cada cual que se enriquece con el esfuerzo ajeno.

Por aquellos que vives confiados en su razón y no dan espacio para aprender de la experiencia ajena.

Por los que promueven una fe que no modelan con sus actitudes y comportamientos.

Por las personas que se recuestan de otros sin asumir un rol protagónico en sus propias vidas.

Por esos estamos así, porque resultan el lastre que atrasa la evolución de nuestra sociedad.

Uno a uno deberán aprender, muchas veces arrastrándonos a sus abismos en el proceso. Porque tenemos que cargarlos. Porque no parte de nuestras vidas. Porque en el intento, crecemos todos.

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Torbellino — noviembre 11, 2017

Torbellino

El paso del huracán no me afectó. Me preparé bien. Pensé en todo, hice un plan y nos ajustamos a las circunstancias. Pero lo que me tiene muy mal es el huracán que ha llegado luego, el que ha revolcado los corajes, incertidumbres, ganserías, fanatismos, odio contra el otro.

El periodo de armonía y solidaridad de muchos se fue opacando en el cansancio ante una sociedad convulsa, frustrada con razón pero sin herremientas verdaderas para levantarse erguida. Me siento arrastrada a ese remolino de coraje, de impotencia, de ver los que quieren retomar la normalidad dañada que disfrutaban por décadas.

La oportunidad se nos escapa de las manos y seguimos repitiendo los viejos mantras y lemas trillados. Basta de los “tu puedes”. No, no podemos así, cada uno por su parte. O nos organizamos en la base o los de arriba nos aplastan. Seguimos en el salón abriendo ojos y jamaqueando conciencias. Seguimos asumiendo responsabilidades, un día a la vez, hasta que aprendamos la Ley de Causa y Efecto.

Levantar la conciencia — noviembre 1, 2017

Levantar la conciencia

Es frustrante ver tanto lema positivo y actividades para animar a la gente, y tan poca discusión seria en muchos de los medios sobre lo que han sido las causas del desastre.

Mire, el desastre no lo causó María. Seamos realistas. No podemos seguir negando nuestra condición de colonizados, no solo a nivel político sino a nivel psicológico. Hay que reinventar el país, pero primero tenemos que educarnos y reinventarnos nosotros, pues la sociedad parte del individuo y mientras no asumamos responsabilidades propias y colectiva, y sigamos esperando el maná del cielo (los billetes del gringo) no vamos a salir del caos.

El “Puerto Rico se levanta” es una distracción si no va acompañado de acciones concretas de cambio, no solo de donativos y paleativos temporeros. Puerto Rico tiene que levantarse en conciencia. Si claro, hay que remediar los daños inmediatos y alimentar a la gente, eso es fundamental. Pero mientras eso ocurre, hay que abrir los ojos a lo que historicamente nos ha traido a este momento.

La energía renovable, la planificación responsable, la salud preventiva, la agricultura sostenible, la educación liberadora, la independencia económica, la transparencia en la administración pública, la fiscalización de la prensa, la politica educada, son solo una lista para empezar a reconstruir la conciencia y el país.

Dejemos a un lado la ignorancia, la propaganda, la politiquería y el fanatismo religioso. Si no lo hacemos, no hay grua que nos enderece.

Peh’e Maruca — octubre 26, 2017

Peh’e Maruca

En días recientes, las redes sociales que debaten la imprudencia de un contrato de restauración del servicio de energía eléctrica en Puerto Rico, tras el paso del Huracán María, han resucitado una frase popular que no escuchaba desde joven. “Eso huele a peh’e Maruca” ronda Twitter y Facebook, para dramatizar la corrupción del contrato de la Autoridad de Energía Eléctrica con la novel corporación Whitefish, cuyo nombre deriva de la localidad en Montana, su sede. 

El “peje” con que identifican la frase es utilizado como una distorsión de la palabra pez, que a su vez se asocia con algo mal oliente cuando se descompone y, por supuesto, con la traducción literal del nombre de la empresa: pez blanco. Muchos se estarán preguntando cuál es ese pez maruca que resulta tan apestoso. 

Pues, le contaré que probablemente el origen tiene base en mi ciudad natal, Ponce. De niña, cuando me llevaban al cine Rívoli en la esquina de la Sol y la León, o cuando paseaba por el Teatro La Perla o la Plaza de las Delicias, era común encontrarnos con uno de esos personajes típicos como lo era Cocó y Uvita. Este en particular vendía dulces que cargaba en una batea amarrada al cuello, y tenía la particularidad de andar siempre descalzo.

Maruca era su apodo. Tenía una habilidad particular para cortar siluetas de sus clientes en papel de construcción. Era simpático, moreno, robusto, de poco hablar y con pies enormes y callosos por tanto andar sin conocer zapato. Los enormes pies de Maruca se presumían apestosos, aunque yo no recuerdo que tuviera algún olor desagradable. Así que era típico escuchar a algún ponceño usar metafóricamente los pies del simpático vendedor ambulante para referirse a algo literalmente con olor desagradable, o con algún asunto de características objetables, como puede ser el pillaje y la corrupción.

Maruca fue inmortalizado en el Album Histórico de Ponce publicado en los 60s por el empresario Fortuño pero más conocido aún por su representación pictórica en el famoso mural Las tradiciones ponceñas de Epifanio Irizarry, que por muchos años estuvo en el pabellón del entonces nuevo parque de bombas, frente a La Perla, y hoy engalana el vestíbulo de una oficina municipal en el también histórico edificio Moscoso, al lado de la Casa Alcaldía.

Sean pies o pescados apestosos, igual nuestra tradición nos ofrece un lenguaje metafórico para conversar sobre la falta de ética y legalidad tan tristemente común en nuestros tiempos. Pero no olvidemos a nuestra gente humilde, marginada y trabajadora, como lo fue nuestro gran Maruca y como lo son cientos de miles que hoy son víctimas del tumbe del Peje Blanco.


Foto: Detalle del mural de Epifanio Irizarry. Tomada en directo por la autora.

María Maestra — octubre 15, 2017

María Maestra

Aprendiendo…

Que somos un país tropical en ruta de huracanes y que el cambio climático es una realidad que nos compete.

Que las verdaderas redes sociales son aquellas con las que podemos contar aun sin la tecnología.

Que hay que conservar la salud con buenos estilos de vida para una vejez saludable y fuerte, para combatir la adversidad.

Que hay que cultivar amistades para la solidaridad comunitaria.

Que se puede vivir con mucho menos consumo de alimento, gasolina, agua y electricidad.

Que una cisterna y sistema para recoger agua de lluvia es necesaria.

Que se puede romper la rutina, vivir despeinado y descartar la agenda de prioridades laborales de ser necesario.

Que la energía solar en cada casa es nuestro paso al futuro.

Que los permisos de construcción logrados irresponsablemente tienen consecuencias graves y costosas.

Que no podemos depender del gobierno, por lo que debemos insistir en su reducción significativa.

Que un huerto casero y árboles frutales en la comunidad nos pueden alimentar.

Que hay agendas para beneficiarse de la crisis tanto en los matones de barrio como en los encorbatados de la empresa y el gobierno.

Que hay pobreza, desigualdad e injusticia invisibles para muchos.

Que hay que hacer fila con paciencia para lograr objetivos más útiles y necesarios que disfrutar una atracción de varios minutos en un parque de diversiones.

Que hay países independientes que han aprendido a levantarse de desastres sin depender de Estados Unidos.

Que hay gente buena dispuesta a ayudar desinteresadamente en cada rincón del país.

Que pagar en efectivo ayuda a planificar mejor la compra.

Que la comunicación mueve al mundo.

Que puede ser peor y hay que aprender y prepararse.

Que sabemos más de lo que creíamos y podemos más de lo que intentamos.

Continuamos…

Critica: Cómo piensa el colonizado — julio 29, 2017

Critica: Cómo piensa el colonizado

El destacado periodista Reinaldo Millán expresa su opinión en torno al recién publicado libro de caricaturas de denuncia social y política del artista Jesús Ortiz Torres.

Comentario originalmente publicado el 29 de julio de 2017 en Facebook:

"El maestro Jesús Ortiz, acaba de publicar el libro de caricaturas, ¿Cómo piensa el colonizado? Se trata de una denuncia cruda de lo grotesco de la política puertorriqueña, un aldabonazo a la politiquería y a la afición de los colonizados.

Franz Fanon estaría bien satisfecho con esta obra, Gramsci de seguro la asignaría a los compañeros de prisión y a los guardias también, y Donald Trump enfurecería al ver como su fondillo queda retratado de la forma más burda.

Con un lenguaje popular, unos trazados rigurosos, un “lettering” impecable, el maestro Ortiz, se cura en su viaje a la denuncia cruda, el enjuiciamiento duro y la sentencia ruda.

No hay desperdicio en el libro. Desde el lenguaje contestatario y duro, hasta la figura grotesca del abuso de poder, el rostro de la infamia y la mirada de la complicidad. No hay diplomacia que valga con Ortiz, no hay delicadeza con esos actores, y no hay reverencia cómplice. Son 160 páginas. Y el autor ha separado una para que el lector pueda construir una caricatura con su propio discurso. Ya estoy haciendo la mía.

Los invito a adentrarse en las páginas de este libro dedicado al productor y empresario Sammy Vélez, publicador del semanario El Poeta, donde aparecieron las caricaturas de denuncia del maestro Ortiz.

Lo pueden conseguir en la librería El Candil, en la calle Unión, esquina Sol de Ponce. Y próximamente en otros puntos de venta. No dejen de leerlo."

Foto cortesía de Tamara Yantín, editora.

Despasito — julio 21, 2017

Despasito

No hay tiempo para grandes eventos, ni complicados juntes ni organizaciones. Ya de eso se ha probado. No deben ser el fin sino el resultado del proceso. Hay que comenzar en el micro, en el día a día, en la guerrilla personal guiada por la conciencia. La estrategia de las hormigas que nos narraba Calle Trece.

Que cada uno en su trinchera haga lo suyo y vayamos construyendo el país, desde abajo, desde la base esencial, haciendo una sólida zapata. El maestro que enseñe, el artista que cree, el chofer que guíe, el abogado que defienda, el médico que cure, pero todos con un mismo propósito: el bien común y solidario.

No perdamos tiempo en agendas mancomunadas. Haz tu agenda ahora. La de mañana. La que eres capaz de hacer y servir de guía. Cuando lo hagas bien, serás modelo, ejemplo, maestro.

Así se hace el país. Así se derrota el poder abusivo. Si los de abajo nos remeneamos, los de arriba pierden el equilibrio. Caen.

Pero tenemos que empujar nosotros mismos ese proceso, ayudando al otro en vez de criticar e imponer nuestro estilo. Aprendamos unos de otros. Seamos complementarios, no obstáculos. Sin protagonismos, ni nimiedades, ni ninguneos. Con tolerancia y respeto a la diversidad. Con compasión de los que apenas comienzan a darse cuenta.

Esa es la forma, comenzando con cada uno y proyectando la luz a su paso. Despasito… pero firme. Contundente.

Reseña del libro De El Nuevo Día al periodismo digital  — mayo 28, 2017

Reseña del libro De El Nuevo Día al periodismo digital 

Este trabajo de Coss, arranca la necesaria reflexión de los aspectos fundamentales de una profesión que tradicionalmente se trataba como un sacerdocio. 

Presentación del libro: De El Nuevo Día al periodismo digital: trayectorias y desafíos, de Luis Fernando Coss

 

En tiempos de pos-verdades y pos-censuras, el libro De El Nuevo Día al periodismo digital: trayectorias y desafíos, de Luis Fernando Coss viene a recordarnos la necesidad de indagar sobre las verdaderas intenciones que ocurren tras la información noticiosa.

Siempre me ha gustado la definición de periodismo que lo describe como la profesión que investiga, documenta, redacta y publica de forma periódica, información y eventos de interés público, para que el ciudadano tenga información apropiada y pueda tomar decisiones libremente. Le da un cierto aire de causa y efecto. Propone que la calidad y veracidad de la información tiene un efecto directo en la interacción social.

El ya clásico libro de Kovach y Rosenstiel, The Elements of Journalism, publicado en el 2001, declaraba en su primer punto, de la lista de nueve características del periodismo profesional, que la primera obligación de éste es la verdad. La segunda: su lealtad primaria con los ciudadanos.

Como mencionara un mes atrás, en mi ponencia en este mismo local, durante el foro Te Mienten: el riesgo de la desinformación, el periodismo del siglo veinte, se ejerció a través de empresas mediáticas, algunas pertenecientes a grandes imperios comerciales, y definió la verdad como su principal valor. Así se ganó el prestigio y la confianza. Casos como las investigaciones periodísticas de Watergate en los Estados Unidos y Cerro Maravilla en Puerto Rico, lo validaron. Se posicionó como el “cuarto poder”, como el balance ideal con los otros tres poderes de la democracia republicana. Pero, poder al fin, también se sometió a la tentación de controlar los datos para su beneficio, ideológico y económico. Este libro trata precisamente de ese poder y sus consecuencias.

En la página 77, nos dice el autor: “La noticia, en realidad, es noticia solo dentro de un marco de fuerzas políticas, económicas y condiciones culturales, y su divulgación depende no necesariamente de actos individuales sino de la compleja trama que hace posible un periódico o una empresa periodística.” 

El contenido del libro se distribuye en dos partes parcialmente interrelacionadas. La primera, fruto de la investigación académica del autor, para su trabajo sobre el análisis histórico de la noción de periodismo profesional en Puerto Rico, es un texto historiográfico sobre el desarrollo del periódico de mayor circulación en la Isla y sus decisiones editoriales. Nos presenta un diario depredador, que impone la agenda de discusión en el país, con sus intereses políticos y económicos como norte y creando “trampas y ambivalencias”, para usar las palabras del autor. 

La segunda, es un ensayo reflexivo sobre el rumbo del periodismo ante los retos tecnológicos a que se exponen estos profesionales y sus audiencias. Nos cuenta de un puñado de iniciativas de periodismo independientes en Internet y el potencial de dominar los medios de publicación en la era digital.

La mirada del autor a estos temas, es una personal, enfocada fundamentalmente en el periodismo impreso metropolitano. Sus críticas al periódico de los Ferré, ya habían sido públicas en el documental Un diario amable, de la serie Zona Franca, de la que fue productor, realizado en 2009, a tiempo con una transformación administrativa del rotativo, que incluyó despidos, importantes cambios en las condiciones laborales para los periodistas, rediseño editorial y una nueva cepa de ejecutivos extranjeros.

Partiendo de y criticando, a su vez, el libro de Guillermo A. Baralt, comisionado por los Ferré, y que cubre desde los inicios de El Día en Ponce hasta la creación del El Nuevo Día, Coss hace clara distinción en los roles que tuvieron en esta trayectoria el político Luis A. Ferré, el empresario Antonio Luis, su hijo, y destaca las aportaciones de Carlos M. Castañeda en el campo, no solo editorial, sino de diagramación del diario que hoy conocemos y que impactó la profesión de periodista en Puerto Rico.

Esta primera parte, permite ver tres áreas necesarias para comprender la prensa: las decisiones empresariales, el enfoque editorial y la pasión del oficio. La primera la destaca a través de citas directas y de testimonios de relacionados a Antonio Luis Ferré Ramirez de Arellano, quien asumió la dirección de El Día cuando su padre gana la gobernación en 1967, y como condición, lo transforma en un diario metropolitano con un enfoque emprendedor más agresivo. 

Éste, sin ser periodista, adopta la visión de cuarto poder, como paladín de la democracia y utiliza términos que idealizan la labor periodística, sin dejar de ser un negocio. Muestra las gestiones tras bambalinas para apoderarse del mercado, con conexiones importantes en la creciente industria publicitaria estimulada por el exilio cubano, contactos estratégicos en el gobierno y la invitación a Castañeda a dirigir el proyecto. Este ya había probado un gran dominio del oficio en la renombrada revista Life en Español.

En segundo lugar, el enfoque editorial será la más importante aportación de este último. Al aceptar el reto de Ferré, transformará no solo el naciente Nuevo Día, sino toda la prensa boricua, creando un periódico mucho más gráfico, destacando las fotografías, el diseño y utilizando todos los recursos de tipografía que la entonces limitada tecnología de impresión permitía en ese momento.

Este se convirtió en el referente del periodismo profesional, no solo en lo gráfico, sino en un enfoque editorial serio, directo, inquisitivo. Castañeda reclamó desde el inicio su libertad editorial, que Ferré supo conceder porque veía los frutos en las arcas de su negocio. También acogió las recomendaciones sobre mejores condiciones laborales, particularmente para los fotoperiodistas, marcando un cambio radical en la industria de los medios impresos y electrónicos. 

Coss, quien accedió a importantes documentos originales de referencia para este trabajo, cita a Castañeda describiendo la época: “El propósito del diario saltaba a la vista: captar el ojo de la calle, apelar a las nuevas generaciones puertorriqueñas que, inducidas por el fenómeno de la televisión, tenían una orientación visual y pocos hábitos de lectura.” Debemos recordar que esto está ocurriendo en los 70s. Sin duda, esa visión transformadora para adaptarse a las audiencias se ha mantenido en dicha empresa, cosa que evidentemente no ocurrió con el que era entonces su competencia, El Mundo, sobre el cual el autor describe las circunstancias de su caída y el efecto que esto tuvo en el periódico de los Ferré.

La tercera de las áreas, la pasión por el oficio, Coss la aborda a través de testimonios de conocidos periodistas que en su mayoría, entraron al oficio sin una preparación en el campo, casi por necesidad de hacer cualquier tipo de trabajo para su subsistencia y que quedaron enamorados de su nueva profesión. Nos presenta un periodismo como oficio surgido de la necesidad pero acaparado por la pasión, a pesar de los sueldos de miseria.

Presenta un panorama donde los límites impuestos por los intereses económicos del medio eran conocidos y respetados por los reporteros, como indica la cita de José Castrodad diciendo “las agencias de publicidad eran intocables”. Pero a la vez “se convertía en una vocación que ni el fuego podía consumir.” 

Así, El Nuevo Día logra una fórmula ganadora, que combinaba el poder político y económico del propietario, el apoyo de una pujante industria publicitaria y un periodismo maduro, forjado en la tradición americana del cuarto poder, con independencia editorial y responsabilidad social. 

Sin embargo, el texto aclara aquello de la objetividad en la noticia, pues sostiene que más allá de las columnas de opinión y los editoriales, el mero hecho de tomar decisiones sobre cuánto, cómo, y dónde se publica la historia, ya viene cargada de opiniones con intereses particulares. Cita a Francisco Velázquez diciendo “porque noticia en el sentido estricto, es lo que fastidie al enemigo del dueño del periódico… No hay cosa más triste que un periodista que se creyó el cuento del caiga quien caiga.”  

El autor añade algunas anotaciones sobre la nueva generación de los Ferré y el rol en dicho proceso de transformación del actual director general de GFR Media, Luis Alberto Ferré Rangel. Destaca de este último su formación periodística, el modelaje recibido de Castañeda, y el haber comenzado su carrera como reportero de calle. “La perspectiva crítica del joven director resulta prometedora desde temprano”, señala sobre quien asumió la dirección en el 1999 y le tocó aplicar el análisis de lo que habían anticipado y aprendido de Castañeda, coincidiendo con las luchas de poder entre el PNP y El Nuevo Día durante la gobernación de Pedro Rosselló. 

Aunque mantiene su crítica por las decisiones editoriales fundamentada en intereses económicos, reconoce que las aportaciones de esta nueva generación son demostrativas del interés que existe por un cambio en las ofertas del periodismo puertorriqueño. 

No obstante, el autor deja al margen o trata con cierta superficialidad dos emblemáticos proyectos de Ferré Rangel que han sentado pauta en el desarrollo del trabajo periodístico en las pasadas décadas. Estos son la creación del Centro para la Libertad de Prensa, con sede en la Universidad del Sagrado Corazón y dirigido por la veterana periodista Helga Serrano y el proyecto de democracia participativa Agenda Ciudadana, que surgió dentro del El Nuevo Día como una sección de responsabilidad social y se transformó en una institución independiente.

Tan a tono con los debates actuales sobre las noticias falsas, reflexiona sobre lo defectuoso de los conceptos de objetividad e imparcialidad que en su momento tanto sostén y prestigio dieron a la prensa y advierte que las estrategias persuasivas se han tragado la verdad noticiosa.

Cierra la primera parte del libro con una reflexión de lo que denomina como una crisis en el periodismo en la actualidad. Plantea que la sobre comercialización de los medios noticiosos y la dependencia de la industria de la publicidad, cada vez más vinculada al entretenimiento, han minado la libertad editorial del periodismo. Las audiencias ya no le creen al periodista como antes, quien ha perdido credibilidad ante la mecanización de su trabajo y la presión de tiempo que no deja espacio para profundizar, verificar e indagar. 

La segunda parte del libro, contextualizada en el nuevo siglo, curiosamente se intitula La emergencia del periodismo digital. No sé si casualidad o causalidad, pero eso de emergencia, más que derivado de emergente, propone una cierta urgencia crítica de lo que las nuevas tecnologías implican para el ejercicio del periodismo.

Se enfoca en esa primera década del siglo veintiuno, donde todavía se vivía con el susto del apagón de la internet cuando entraran los años 2000, y la incertidumbre de una profesión que se veía cada vez más limitada por los intereses económicos y los cambios tecnológicos que dejaban al margen periodistas que se resistían a los cambios y se anticipaba la muerte del periódico de papel. Es precisamente hasta ese año 2000 que Baralt cuenta la historia de El Nuevo Día.

El autor cita el resultado de un Seminario de Gerencia de Medios realizado en la Escuela de Comunicación (COPU) en el 2000, donde ya se pronosticaba que “la empresa periodística sobrevivirá si cambia a tiempo sus paradigmas editoriales y gerenciales.” 

Es eso justamente lo que hemos visto en empresas como GFR Media, la nueva generación de El Nuevo Día. Es precisamente ese periódico en que se enfoca en la primera parte de libro, el que traerá el periodismo a la era digital, habiendo sido pionero en la versión de Internet, con aplicaciones móviles, integrando blogs, actividades interactivas, recursos multimedios y transmisiones en directo. 

Pero esa efectiva adaptación fundamentada en decisiones empresariales y la adaptación a audiencias que buscan más entretenimiento que noticias, con alto grado de consumismo, y que acceden a la información mayormente desde artefactos móviles, han llevado a estos medios a producir mayormente contenidos simplificados, entretenidos, atractivos y mercadeables.   

De hecho, el más reciente estudio del comportamiento digital en la Isla, Digital & Mobile Behavioral Study 2016 realizado por Estudios Técnicos y presentado ante la matrícula de la Asociación de Ejecutivos de Ventas y Mercadeo, revela que las dos aplicaciones digitales locales de mayor utilización en la Isla, son dos de los productos emblemáticos del Grupo Ferré Rangel, los portales de El Nuevo Día y de Primera Hora.  

Es el Grupo Ferré Rangel quien nuevamente innovará en la industria mediática con aplicaciones para el mercadeo de contenido, su nuevo proyecto Brand Share imita reportajes noticiosos pero en este caso, son pagados como anuncios. Esto requiere un ojo entrenado y malicioso para distinguir la difusa frontera entre la noticia y el contenido publicitario. Este es un tema que el autor deja abierto para futuras investigaciones. 

Y justo hace un par de días, el grupo mediático vuelve a hacer noticia con el anuncio de nuevas estrategias que ayudarán a adaptar los contenidos de sus periódicos digitales a los intereses particulares de los mercados. Sí, porque ya el periodismo no es para los ciudadanos sino para los consumidores. 

Pero esta segunda parte no se centra en El Nuevo Día o Primera Hora. Presenta a algunos de los proyectos que han surgido de forma independiente en el escenario de la red. Destaca, entre muchos existentes en la actualidad, a la revista 80 grados, de su propia creación, el Centro de Periodismo Investigativo que surgió a raíz de los despidos en El Nuevo Día, el proyecto ambientalista Mi Puerto Rico Verde y el portal noticioso Sin Comillas.

Estos medios emergentes han logrado cubrir nichos poblacionales por intereses, alcanzando gran credibilidad entre sus audiencias que trascienden fronteras nacionales. Con el apoyo de sus perfiles en las redes sociales, estas iniciativas alcanzan cantidades insospechadas de seguidores, que se unen a la conversación típica de estas redes interactivas, a partir de la Web 2.0.  

Sin embargo, en una reflexión final, el autor cuestiona sobre la sostenibilidad de este nuevo periodismo independiente y digital. Algunas de estos medios operan con un presupuesto extremadamente limitado y vulnerable. El riesgo de esto es que muchos ven los contenidos en las redes sociales y los comparten sin nunca entrar a la página web del medio, donde están los anuncios, limitando su efectividad desde la perspectiva de los publicistas. 

En el libro, queda pendiente profundizar en el rol de los blogueros y en el potencial económico de una prensa independiente. Queda pendiente el análisis de si este nuevo periodismo independiente, que controla su propio medio, tiene igualmente riesgo de sucumbir a las tentaciones y presiones económicas a las cuales ya sabemos que se somete la prensa tradicional.

De El Nuevo Día al periodismo digital es un libro que todo comunicador profesional o aspirante a serlo debe leer. Pero igualmente cada ciudadano debe conocerlo y reflexionar sobre cómo le impacta la noticia diaria y cuáles son los hilos que mueven dicho escenario mediático.

Es además una oportunidad de ver el periodismo a la luz de los cambios sociales y la preparación de los profesionales de la comunicación, que el propio autor, profesor universitario comenta, y yo critico como el faranduleo en aspirantes en escuelas de periodismo. 

El libro resulta además un ejercicio de provocación para estimular la investigación y mirada crítica a otros aspectos del periodismo en Puerto Rico que se quedan fuera de sus páginas o se tratan con marginalidad. Por ejemplo, no incluye el periodismo radial que merece otro libro, ni la prensa fuera del área metropolitana, con una tímida referencia a nuestro semanario La Perla del Sur, e ignora a El Vocero en relación a los temas que trata en esta publicación. 

Quedan en el tintero otros temas que nos provoca esta lectura como el periodismo satírico que ha resurgido en los medios digitales, el papel de los gremios periodísticos ante todos estos retos que se relatan, la participación activa del ciudadano común en la creación de contenidos que compiten por la atención de las audiencias y la brecha en la literacia digital que produce marginación social.

Habría que continuar analizando cómo las personalidades, muchos de ellos abogados varones, que trabajan noticias y análisis, como el caso de Jay Fonseca, y otros comentaristas de temas noticiosos, afectan la percepción de la función del periodista.

Estos tienen ingresos por estos espacios informativos que sobrepasan por mucho el salario típico de un reportero. Mientras, vemos como crece el número de periodistas profesionales que tienen que trabajar en varios medios a la vez para poder suplementar su salario y aceptan hacer mensajes publicitarios para ganancia del medio que los contrata.

Queda por ver cómo lo que fue una bonanza publicitaria en los 70s y que produjo ganancias en los medios informativos, e impactó salarios, beneficios, condiciones de trabajo, equipos, viajes, entre otros, ya no es una realidad. Esa publicidad que un día mejoró a la prensa, ahora la trivializa para satisfacer consumidores que buscan entretenimiento y placer, no la noticia que provoca pena e incertidumbre.

Este trabajo de Coss, arranca la necesaria reflexión de los aspectos fundamentales de una profesión que tradicionalmente se trataba como un sacerdocio. Y como ha ocurrido en otras importantes instituciones, los cambios tecnológicos, políticos, económicos y sociales, han transformado las relaciones entre los periodistas y sus audiencias, que ya no saben con certeza si pueden tomar libremente las decisiones basadas en lo que le dice la prensa.

 

Presentado en la Librería el Candil en Ponce, Puerto Rico, el 27 de mayo de 2017.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El riesgo de la mentira — abril 20, 2017

El riesgo de la mentira

Presentado en el foro público Te Mienten

4/20/2017 Librería El Candil, Ponce, PR 

Inicio con el pensamiento que comparto en la portada de mi cuenta en Twitter: “El riesgo de la desconfianza es que mata la solidaridad. Las mentiras son abono para el caldo de cultivo de la tiranía.” Espero acepten esta propuesta como una provocación, un estímulo a la reflexión y al diálogo continuo sobre el tema, y proponernos como ejercicio obligado, la exposición selectiva de medios y mensajes.

A lo largo de la historia de la Humanidad, el poder siempre ha manipulado la información para su propio beneficio. Lo hace a nivel micro, en los grupos sociales como la familia, y lo hace a nivel macro en los gobiernos, empresas y religiones. Las instituciones socializan a los ciudadanos para que respondan a dicho poder a través de otras instituciones como la educación y los medios, definiendo contenidos que adapten al individuo a los intereses de quien manda. Es el método por excelencia de lograr obediencia, sea en el modelo totalitario o en la democracia.

El periodismo del siglo veinte, se ejerció a través de empresas mediáticas, algunas pertenecientes a grandes imperios comerciales, y definió la verdad como su principal valor. Así ganó prestigio y confianza. Casos como las investigaciones periodísticas de Watergate y Cerro Maravilla, lo validaron. Se posicionó como el “cuarto poder”, para proyectarse como balance en la democracia republicana. Pero poder al fin, también se sometió a la tentación de controlar los datos para su beneficio, ideológico y económico.

En ese mismo siglo, al periodismo le nació un hermanito quien vino, en ocasiones a ayudar en la tarea y en otras a competir o distraer. Le pusieron “relaciones públicas”: una joven profesión que tuvo sus inicios en la oscura propaganda de guerra pero que ha evolucionado a una donde el interés público prevalece, cuando se ejerce de forma ética. Menciono esto porque los relacionistas se han ganado en las décadas pasadas cada vez más exposición noticiosa, lo que llamamos publicity, que no debe caer en lo que llamamos falsas noticias. Los comunicados y conferencias de prensa requieren el filtro editorial y el buen periodismo solo publicará aquello que verdaderamente tiene valor noticioso y está corroborado. El relacionista que no entienda esto, no conoce su deber.

Hoy en día, clasificamos los medios en tres categorías: medios propios, medios comprados, medios ganados. Los primeros son aquellos de los cuales somos dueños o tenemos control del contenido que se publica, sea el gran periódico o tu página de Facebook. Los segundos, en los que compramos tiempo o espacio, como lo hace la publicidad y la nueva modalidad de mercadeo de contenido. Y los últimos, donde podemos ubicar la estrategia de publicity que mencionamos, ahora se refieren más a la capacidad de compartir voluntariamente información en medios de otro, de forma espontánea y gratuita, como hacemos con los shares o los re-tweets en las redes sociales.  

En la actualidad, la tecnología ha facilitado el que una parte significativa de nuestra sociedad tenga acceso a medios propios que le permiten publicar contenidos de la más diversa temáticas y calidad, compitiendo en atención, con lo que tradicionalmente conocíamos como noticia, el género más común del periodismo. Esa misma tecnología ha ido adaptando a la mente humana a crear realidades alternas para gratificación personal. Desde niños nos vamos acostumbrando a vivir, a través de juegos y plataformas virtuales, vidas irreales que llenan toda la jerarquía de necesidades emocionales que Maslow nos enseñó.

Por esto, no me extraña que estemos hablando de la palabrita de moda, la posverdad, como una realidad alterna que decidimos creer porque nos llena emocionalmente aunque no sea verdad. En otras palabras, nos hemos acostumbrado a vivir de mentiras, si lo que es verdad no nos produce emoción gratificante. Suena a una transformación de la negación típica, pero ahora, no solo negamos la verdad, sino que inventamos una que llene esa necesidad de información. Podemos decir que vivimos en la era de las verdades propias, las verdades ganadas y las verdades compradas.

Si bien es cierto que la presidencia de Trump ha provocado mayor interés en el tema, por lo inminente y riesgoso, esto de la manipulación de la información noticiosa no es nada nuevo. No tiene que ser todo falso. De hecho, las medias verdades se creen con mayor facilidad. El proceso de gatekeeping, o selección en la información que se publica, o del espacio para su publicación, o de los portavoces que representan una causa, son todas estrategias que buscan un efecto en la audiencia, un efecto que beneficie al emisor.

Pero esa selectividad del medio, limita los puntos de vista a que nos exponemos a la hora de formar nuestras opiniones y actuar. Y esto no tiene que ver con ideologías de derecha o izquierda. Esto lo hace todo el que tiene poder de controlar la información. Hay que añadir que también nosotros limitamos los medios e información a los que nos exponemos, pues usualmente buscamos lo que nos gusta y satisface. Se añade a esto la diversidad de contenidos que se perciben como noticia y no lo son, como ocurre con los programas de chismes, los artículos auspiciados o entrevistas pagadas en noticieros.

Si nos aferramos a la función básica del periodista que es la de informar contenidos relevantes de actualidad para que el ciudadano común pueda tomar decisiones libremente y adecuadamente informado, tenemos que preguntarnos, ¿es eso lo que puede hacer hoy un periodista, considerando los contextos en los cuales trabaja? Y pero aún, ¿es eso lo que quieren escuchar y leer los ciudadanos?

El foro se llama Te mienten, pero podemos cambiarlo a una pregunta, ¿Te gusta que te mientan? ¿Te hace sentir mejor la mentira que la verdad? ¿Prefieres estar informado o entretenido? ¿Vale aquello de que “ojos que no ven, corazón que no siente”? Antes, la transmisión de la información era más lenta y limitada. Pero ahora, el menú de opciones rápidas para tener respuestas inmediatas, es infinito. No hay tiempo de procesar ni verificar, pues queremos tener los datos que nos hagan sentir bien, y tenerlos antes que cualquier otro.

Y cuando hay tantas verdades rondando nuestro entorno, físico y virtual, llega un momento en que comenzamos a desconfiar del otro. La incertidumbre sobre la verdad, cuando ves que la tuya es diferente a la del vecino, y eso te parece amenazante, se hace más difícil tener una sociedad solidaria, dejando el camino libre para que el que está en el poder, abuse. ¿Les suena familiar?

El problema es una ciudadanía cada vez más alejada de la noticia de hechos reales, relevantes para la sociedad, más atenta al entretenimiento y a un tipo de voyerismo farandulero. Una ciudadanía abrumada y angustiada por una lucha constante por existir, que busca en los medios escape, no que le traigan más problemas y responsabilidades. Con los propios le es suficiente y no conecta que los suyos tienen origen social.

Entonces: ¿cuál es la solución? ¿Seguir cada uno como el avestruz, enterrando nuestra cabeza en la arena movediza de la información virtual? La posverdad se está tornando viral y como con cualquier virus, hay que aplicar prevención para parar la epidemia. La medicina es la educación. Y no me refiero solo a la formal, que igualmente está en crisis, sino a las ganas de aprender que hay que inculcar en ese proceso de socialización que le hemos dejado a las instituciones de poder, sin cuestionarlo.

Hay que estimular un aprendizaje invisible y continuo, en todas las esferas de nuestras vidas, sin miedo a cuestionar, no importa la autoridad que nos provee los datos. La información es un valor, que tiene precio. Se compra y se vende. Pero lo que somos, nuestros conocimientos, actitudes, creencias, opiniones, se forman de la información a la que nos exponemos, procesamos y decidimos aceptar. Si solo la filtramos con emociones, sin un proceso empírico, estamos a la merced de quién nos miente.

Escapar de la verdad es un ejercicio inútil, aunque emocionalmente gratificante. Cuando lo hacemos como hábito en nuestro carácter personal, ponemos en riesgo nuestra salud mental. Pero cuando esto ocurre en una sociedad, una que prefiere que le mientan, creerse que somos un país rico, pacífico, educado, próspero y libre, las consecuencias son graves para todos.  

Es entonces cuando basamos nuestros actos en datos irreales, razón por la cual no es posible alcanzar cambios. Nadie cambia si se siente bien como está. Mientras nos diviertan la atención hacia lo extraordinarios que somos, no podemos ver lo que tenemos que mejorar. No es ser pesimista, sino realista. Y solo se puede ver la realidad cuando nos movemos a experimentarla desde distintos puntos de vista. El valor de la información debe estar basado en lograr la libertad para definir una convivencia de beneficio mutuo y no un recurso de control social.

Ya Plantón nos hablaba de la posverdad con su metáfora de la cueva. Ser engañados parece ser una predisposición de los humanos, que han sabido capitalizar los poderosos para control social, político y económico. Y los medios, como parte de ese poder económico han sido cómplices. Y nosotros, cada uno de nosotros que creamos diariamente contenidos en nuestros propios medios virtuales, seremos cómplices si no reflexionamos antes de darle ese “like”.

Reflexiones en picada — marzo 14, 2017

Reflexiones en picada

Duele ver envejecer a quienes han dedicado una vida a luchar por una causa y después de tantos años, el mensaje no ha calado en las nuevas generaciones. Sea en la defensa de los derechos humanos, la cultura, del ambiente o de la libertad patria, los esfuerzos de educar parecen haber sido inútiles. Los retos, riesgos y amenazas se siguen repitiendo década tras década, pero parece que las soluciones se buscan mas en la conveniencia individual, que en lo colectivo.

¿Cuántos niños, jóvenes y maestros han visitado en giras escolares los museos, los bosques, los monumentos históricos a través de los años? ¿Cuántos han estado dispuestos a defenderlos cuando se ven amenazados por la ignorancia y los intereses económicos? La información ha estado disponible. Los maestros y ejemplos también. Entonces, ¿por qué la voluntad de la mayoría de los puertorriqueños aun no los impulsa a defender su patrimonio? 

¿Por qué sigue siendo más apreciado el desarrollo de proyectos de construcción que el valor de los recursos que desplaza o daña? ¿Porqué la vida de una celebridad mediática logra más atención que los próceres? ¿Por qué seguimos faltos de creatividad en un desarrollo económico sostenible y compatible con la defensa de los valores humanos, sociales y ecológicos? ¿Por qué es cada vez más difícil lograr la motivación y movilización de los universitarios en acciones concretas de beneficios para sus comunidades?

Buscando respuestas me provoca pensar que hemos agobiado tanto a la juventud con presiones económicas, algunas infundadas por la comercialización de sus vidas. Que les hemos entretenido tanto con realidades mediáticas que aspiran a vidas inexistentes. Que hemos criticado tanto el presente que se les hace difícil ver su futuro. 

Triste ver que se siguen deteriorando nuestras existencias y se va acabando el tiempo de lucha, mientras los herederos de esta tierra siguen divertidos o angustiados sin poder encontrar su ruta. Y cuando alguien les promete un plan, lo acogen sin mirar el mapa, porque necesitan guía.  Porque no logramos que aprendieran la lección de que no hay soluciones mágicas, que no están en las manos de un dios, que los políticos no las tienen. 

No hemos sido efectivos en lograr que cada boricua valore y defienda con garras y corazón su terruño. Que nos hemos intoxicado con un patriotismo light e ignorante, estimulado por un folklorismo vacío e impreciso fomentado por las aulas. Que el billete del patrono extranjero nos hace bailar como monos al son que otro toca. Hemos fallado como educadores, como padres, como líderes, como comunicadores. El mensaje no fue aceptado. Tenemos que comenzar de cero.

No quiero sonar pesimista, pero hemos tenido una sobredosificación de optimismo mágico y hueco, que no conduce a nada, pues no asume responsabilidad. No podemos seguir mostrando en giras escolares al país como quien pasa por una exhibición de moda, ajeno a nuestra realidad, sin que estimulemos un compromiso, eso que ahora llaman "engagement". No podemos seguir vendiendo el esloga pegajoso de que soy boricua sin que se conozca a Betances y De Hostos.

Hemos aceptado un sistema educativo, a todos los niveles, que produce gente uniforme, obediente, distraída, conforme, insegura. Y eso es ideal para sostener indefinidamente un sistema político y económico que solo favorece a unos pocos mientras crea la ilusión de que todos somos libres y felices.

Abre los ojos y mira a esos envejecidos líderes que tenemos en cada rincón del país, cansados, frustrados algunos, pero en píe de lucha. Escucha la voz de los ancestros que claman desde el más allá por justicia. Cuando ya no estén allí para abrir conciencias, entonces todo lo habremos perdido.